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sábado, 7 de junio de 2014

CAP 2-3: Alimentando el deseo.

Plegó su copia, se recostó en el sofá y se durmió con el papel en la mano.

Durante todo el día siguiente escuchó varias veces el casete "olvidado" por la profe. Era una tarde gris de domingo, faltaba poco para que se instalara definitivamente el calor sofocante del verano.



Cayendo la tarde, el cielo se cargó de pesadas nubes grises. Se acercó al gran ventanal que daba a la calle y vio cómo, allá arriba, en el fondo del cielo, empezaba a generarse una gran tormenta eléctrica. Serpientes delgadas resplandecían en el colchón oscuro para desaparecer rápidamente en la nada.

Los truenos sonaban lejanos pero se acercaban vertiginosamente, venían desde lo profundo del espacio. Gotas gordas y pesadas caían sobre el vidrio que tenía frente de sí. Recordó aquel viaje de la infancia, hacia la costa, en auto, un día de verano. Los sorprendió una gigantesca tormenta y descubrió el poder de la luz de los rayos. El padre había decidido no detenerse hasta llegar a las esperadas vacaciones familiares de todos los años, a la misma playa, al mismo hotel, al mismo mar, al mismo sol, a lo de siempre.

Volvió del pasado con sed. Alcanzó su vaso de gin tonic y bebió lo último que quedaba en él con lentitud. Saboreaba detenidamente la bebida mientras la tormenta le mostraba lo que era capaz de hacer. El viento golpeaba fuerte contra el ventanal de dos hojas, con ráfagas de agua que chocaban contra el vidrio una y otra vez. Las copas de los árboles se balanceaban salvajes ante la estampida del fuerte viento. Imperturbable observaba el espectáculo ahora con un cigarrillo en los labios y el humo envolviéndolo por completo. Aún conservaba la letra de la canción plegada en el bolsillo. Los truenos hicieron vibrar sonoramente las ventanas y un cosquilleo le sobrevino desde los pies. Siete pisos de concreto resistiendo con fuerza a la naturaleza.

La tormenta fugaz agonizaba ya lentamente y se alejaba dispuesta a regresar una vez más, como siempre, pidiendo revancha. Pocas cosas lo maravillaban tanto como los espectáculos que la naturaleza es capaz de dar a cambio de solo un puñado de respeto.

Los días se sucedieron, la tormenta de verano pasó pero él siguió atormentado, inquieto por lo que iría a suceder luego de esa canción. Sí, el mensaje había sido claro. La profe fue directa. Él tenía que hacer algo al respecto. No podía dejarla pasar. No quería dejarla pasar.

CAP 2-2: Alimentando el deseo.

Luego de un par de meses de clases, charlas, coca-colas, cafés, risas, anécdotas, lecturas, más charlas y ejercicios de inglés, comenzó a dar señales. Las señales que consideró las más sutiles que ella misma podría manejar.

Llegó una calurosa tarde de sábado de diciembre del 98' con un TDK de 90 y dos hojas tipeadas a máquina. Un listening comprehension.

Él aceptó gustoso el desafío ignorando el mensaje subliminal de las líneas.

— ¿Cómo es el ejercicio?

— Simple, tenés que completar los espacios en blanco con los verbos que están entre paréntesis conjugados tal como los escuchás.

— Bien, bien, me gusta. ¿Es un diálogo?

— No, es una canción de Barbra Streissand. Primero la escuchás dos veces y durante la tercera la vas completando.

¿Estás listo?

— Sí, poné play



Life......... (be) a moment to space

When the dream...... (be) gone

it....... (be) a lonelier place

I....... (kiss) the morning goodbye

But down inside, you......... (know)

we never.......... (know) why

The road....... (be) narrow and long

When eyes.......... (meet) eyes and the feeling...... (be) strong

I......... (turn) away from the wall,

I......... (stumble) and......... (fall),

but I........ (give) you it all

Chorus:

I......... (be) a woman in love

And I'd .........(do) anything to .........(get)

you into my world and ..........(hold)

you within

It....... (be) a right,

I........ (defend), over and over again

What do I........? (do)?

Life......... (be) a moment to space

When the dream...... (be)

gone

it....... (be) a lonelier place

I....... (kiss) the morning goodbye

But down inside, you......... (know)

we never.......... (know) why

The road....... (be) narrow and long

When eyes.......... (Meet)

eyes and the feeling...... (be)

strong

I......... (turn) away from the wall,

I......... (stumble) and......... (fall),

but I........ (give) you it all

Chorus:

I......... (be) a woman in love

And I'd .........(do) anything to .........(get)

you into my world and ..........(hold)

you within

It....... (be) a right,

I........ (defend), over and over again

What do I........? (do)?

With you eternally mine

In love there.......... (be)

no measure of time

We.......... (plan) it all at the start

That you and I......... (live) in each other's heart

We may......... (be) oceans away

You........ (feel) my love,

I.......... (hear) what you......... (say).

No truth........ (be) ever a lie,

I........... (stumble) and........... (fall),

but I.......... (give) you it all.

Chorus

Ooooh Yes I....... (be) a woman in love and

I........ (be) talking to you,

You......... (know) I............... (know)

how you......... (feel),

what a woman can.......... (do).

It........... (be) a right,

I............... (defend), over and over again.

What do I.......... (do).

I.......... (be) a woman in love

With you eternally mine

In love there.......... (be) no measure of time

We.......... (plan) it all at the start

That you and I......... (live) in each other's heart

We may......... (be) oceans away

You........ (feel) my love,

I.......... (hear) what you ......... (say).

No truth........ (be) ever a lie,

I........... (stumble) and........... (fall),

but I.......... (give) you it all.

Chorus

Ooooh Yes I....... (be) a woman in love and I........ (be) talking to you,

You......... (know) I............... (know) how you......... (feel), what a woman can.......... (do).

It........... (be) a right, I............... (defend), over and over again.

What do I..........? (do).

I.......... (be) a woman in love

And I’ll........... (do) anything to........... (get) you into my world

And.......... (hold) you within

Luego de la tercera pasada de la cinta, corrigieron el ejercicio y hubo anotaciones en rojo aquí y allá de conjugaciones de verbos regulares e irregulares, de auxiliares y tiempos... luego un silencio extraño. Un silencio que los inquietó y envolvió a ambos. Un silencio completo que los unió por un instante. Ella se sintió intimidada por el verde de sus ojos que la desnudaron por un instante. Nerviosa observó el reloj y concluyó la clase.

Se dio cuenta de que había sido un exceso poner al descubierto lo que comenzaba a gestarse dentro de su alma. En esa canción le decía lo que le estaba sucediendo y que la quemaba por dentro.

Se despidió con una simulada frialdad y huyó.

La vio doblar en la esquina y recién ahí giró para subir al departamento. Se sentía confundido. Rebobinó la cinta hasta el principio, se sirvió un gin tonic y se sentó en su gran sofá azul dispuesto a escuchar el casete por completo. Releyó la letra varias veces mientras Barbra Streissand le dedicaba todas sus canciones. Tomó un lápiz y tradujo la letra:

La vida es un momento en el espacio,
cuando el sueño se termina
es un lugar solitario.
Un beso de adiós por la mañana,
pero en el fondo sabes,
nunca sabemos por qué
el camino es largo y estrecho,
cuando las miradas se encuentran
y el sentimiento es fuerte.
Me alejo de la pared,
tropiezo y me caigo,
pero todo te doy.
Soy una mujer enamorada
y haría lo que fuera,
para tenerte en mi mundo
y mantenerte allí.
Es un derecho que yo mantengo
una y otra vez
¿Qué debo hacer?
Contigo eternamente mío
el tiempo no tiene importancia
lo planeamos desde el principio
tu y yo vivimos en el corazón del otro
Podemos estar a océanos de distancia
y sentirías mi amor
yo escucho lo que dices
lo real no es nunca una mentira
tropiezo y caigo
pero todo te doy!

Plegó su copia, se recostó en el sofá y se durmió con el papel en la mano.

CAP 2-1: Alimentando el deseo

Puso en marcha el auto, encendió la radio y sintió que viajaba sin moverse.

Aquella sensación de adrenalina se fue repitiendo sistemáticamente después de cada beso de despedida. Las clases fueron extendiéndose en tiempo y aumentando en frecuencia con total y absoluta naturalidad. Para ambos el juego había comenzado, pero tampoco les preocupaba cuál sería el desenlace, aún.

Finalizó octubre, transcurrió noviembre, comenzó a aumentar el calor externo y claro, el interno también. Llegaron sus minifaldas, las remeritas ajustadas, las sandalias altas, la piel, el pelo recogido; las camisas desabotonadas, el sudor, la sed. Comenzó a sentir que aquel juego de seducción se le estaba escapando de las manos. Que comenzaba a perder en su juego favorito.






Él decidió sumar clases durante la semana. Ahora también se veían los jueves a las 19 hrs. Y siempre cumplían con el ritual de quedarse charlando por 30 ó 40 minutos luego de finalizada la clase. Él le contaba de sus viajes por el mundo, de cuando estuvo en Londres, en París, en NYC, en El Cairo, y ella viajaba con él. Comenzaron a quedarse callados, solo para mirarse a los ojos por unos intensos instantes. Luego uno de los dos intentaba salir de la situación hablando de la hora, de lo tarde que se había hecho, de "¡que termines bien el día!", "escuchá el audio que te dejé varias veces y si te quedan dudas las vemos la próxima clase..."; "sí, no te preocupes que voy a hacer lo posible para llegar con todo lo que me dejaste de tarea..."; "buen finde!", "chau!"...

Ya en el porche un par de veces el beso de despedida fue acompañado por un roce de su mano por su cintura, o su mano en la mejilla de él. Ya nada sería como antes de aquel encuentro. Algo había comenzado a crecer en los dos, alimentado por el deseo.

martes, 27 de mayo de 2014

CAP 1-3: El Principio del Fin.

El día siguiente lo sorprendió agotado y deseando que aquel sueño no tuviera fin.
A ella también. Ese sábado caluroso de octubre, llegó a su casa más tarde que de costumbre. Pero no le importó. El hombre con el que convivía aún no había llegado, eso la alivió. Se recostó con una sonrisa extraña. A la mañana siguiente quiso que el tiempo transcurriera veloz para que por fin se hiciera el primer martes de clase, más precisamente, que fuera el martes, a las 19 horas. Se sucedieron los días y un par de veces la sorprendieron pensativa con una mueca difícil de descifrar. "En qué estarás pensando, vos..." se animó a exclamar Francois, en un español afrancesado, en la cocinita del instituto de idiomas para el que ambos trabajaban. Él obviamente enseñaba su francés natal, y ella, inglés. —¡En nada, Fransuá! ¡En nada!—respondió por acto reflejo mientras seguía batiendo estúpidamente el preparado que luego se convertiría en café instantáneo. Nunca antes un alumno nuevo la había inquietado tanto.
El martes llegó finalmente. Llegó puntual. Tocó el portero eléctrico y esperó impaciente a que bajara a abrirle la puerta de entrada al edificio. Esta vez no hubo testigos. Un beso fugaz en la mejilla y la incomodidad de estar juntos y solos en el ascensor podía percibirse en la atmósfera. La clase fluyó con normalidad, es decir, nadie hubiese adivinado el torbellino que los invadía por dentro. Luego de puntuales 60 minutos de clase y de frases con verbos auxiliares, afirmaciones, negaciones e interrogaciones por fin se pudieron quitar los roles de profe y alumno por un rato. —Bueno, esto es todo por hoy. Espero que puedas hacer los ejercicios que te dejo y ya sabés que cualquier consulta que tengas la podemos revisar la próxima clase.—Un silencio impertinente, incómodo, se interpuso y él atinó a decirle "Gracias." Lo miró confundida y él sólo lanzó un "gracias... te lo digo porque fuiste muy clara con la primera lección y me gusta escucharte hablar, digo, me gusta cómo me hablás, no, mejor dicho, me gusta cómo explicás las cosas que hasta hoy me parecían imposibles de entender y sin embargo ahora veo que no es tan difícil solo es cuestión de prestar un poco de atención y listo, la cosa es más clara cuando se presta atención y... eso."
Sonrió, él se sonrojó. Bajaron los siete pisos a la realidad en silencio, esquivándose las miradas. —¿Te espero el sábado a la tarde?—, preguntó él tímidamente.—Sí. Tratá de hacer los deberes, ¡eh!—, contestó. Se despidieron con un beso peligroso, y la piel les quemó.

 
Puso en marcha el auto, encendió la radio y sintió que viajaba sin moverse.

CAP 1-2: El Principio del Fin.

Condujo hacia su casa con una sonrisa que no pudo disimular. Él, tampoco. En el ascensor trató de absorber su perfume aspirando profundamente. Cerró los ojos y recordó los de la profe. Ojos que jamás podría olvidar. Ojos profundos, melancólicos, de color café, de una intensidad inquietante. Aquellos ojos que lo recorrieron de pies a cabeza en silencio, despojándolo de todo pudor. Se sirvió un gin tonic y se sentó en el medio de su gran sofá azul marino. La mirada clavada en la pared blanca sin poder entender qué le pasaba en el cuerpo. Por qué esa sensación temblorosa de vértigo. Como si acabara de bajarse de una gigantesca montaña rusa: "La vuelta de la Muerte" o algo parecido. En total y absoluto silencio fue juntando fragmentos de esa tarde que le sería imposible olvidar. Una tarde imborrable. La llegada a su vida de una extraña que ya le había alterado el universo. La profesora de inglés, ella, la que fue capaz de hacer que su mundo dejara de existir por unas fugaces ¡siete horas! Comenzó a reír. Una carcajada se le escapó en una explosión que lo sobresaltó inesperadamente. ¡Siete horas con una extraña en mi departamento! No podía creer lo que acababa de sucederle, y para colmo, estaba ahora solo, nadie con quien compartir la reciente anécdota... Estuve en mi departamento más de siete horas con una chica, de unos veintitantos atractivos años, a solas, charlando, riendo, dejándonos llevar por la conversación y la adrenalina de la novedad, dejándonos seducir mutuamente... y no me di cuenta de la dimensión del suceso— pensó nuevamente. Por un instante se le ocurrió llamar a Rolo por teléfono para contárselo, pero desestimó la idea en seguida. "¡No me va a creer el boludo! ¡Se me va a cagar de risa!", imaginó. "Ruso, ¿qué te tomaste que te pegó tan mal?", imitó la voz de su amigo.
Se sacó el jean y lo reemplazó por un short negro, se sacó la camisa y se calzó la correa del bajo al hombro. Encendió la computadora, los parlantes, conectó el amplificador, sorbió un trago de gin tonic y dejó que la música lo invadiera.
El resto de aquel sábado 24 de octubre de 1998 concluyó con un cover del legendario Larry Graham y deseó que todo comenzara a tener sentido. El día siguiente lo sorprendió agotado y con el fehaciente anhelo de que aquel sueño no tuviera fin.



CAP 1-1: El Principio del fin.



Esta es una noche que voy a recordar siempre.
Estás muy linda (como siempre, como hace diez años)
Te mando un beso grande.
Cuidate mucho Polaco.




El mensaje latía en la pantallita del celular. El olor que dejó el paso del tren la envolvió por completo. Piedra quemada en una mezcla de óxido y tierra. El mismo tren que la dejaba a pasos de la casa de él. El mismo tren que la devolvía a hace diez años. Se conmovió un instante... y cruzó el paso a nivel apretando, en el fondo del bolsillo de la campera, el celular que guardaba esa dulce dedicatoria de un presente confuso.
Todavía se olía en el cuerpo el perfume que él le había dejado de la noche anterior. Había decidido no lavar aquel aroma de presente-pasado que la satisfacía.
Ella había sido su profesora de idioma una década atrás. Cuando ambos eran inmortales, cuando se permitían equivocarse a propósito aduciendo errores por la edad, por la inexperiencia, por la falta de mundo, por falta de vivido, por ser inmortales.
Ella 26, él 33. Ella en pareja desde hacía unos largos y asfixiantes 6 años. 
Él... libre. 
Ella vivaz, apasionada, graciosa, irónica, risueña, sarcástica, melancólica..., solitaria..., triste..., sola. 
Él, no.
Se conocieron y el mundo se detuvo. Era octubre de 1998. Sábado 24. 14 horas. Ella intuía en el cuerpo que algo iba a sucederle, algo profundo, algo que cambiaría para siempre su destino, algo que le devolvería la sonrisa, algo. 
Él, también.
Bajó el ascensor y un señor bajito y pelado le cedió el paso a una señora regordeta de solero de bambula ajustado. Detrás se asomó él. Médico. ¡Qué alto que sos! dijo ella, la profe; él se sonrojó. Los vecinos sonrieron con malicia. La empujó delicadamente dentro del ascensor. Subieron siete pisos esquivando miradas y hablando del día soleado y la temperatura.
Entraron, ella le explicó la metodología de las clases de idiomas y le preguntó por qué había decidido tomar ese curso y de dónde había sacado ese verde profundo para sus ojos... terminó pensando... si se lo habría quitado al mar verde azulado de una postal. 
Él contestó, le ofreció algo fresco para beber, encendió un cigarrillo, le preguntó si le molestaba el humo, si quería que abriese las hojas del ventanal del balcón que daban hacia la calle, que daban hacia el cielo, que daban hacia un futuro juntos de ahora en más. 
Ella contestó, se rió, lo sedujo, bromeó. 
Él encendió la luz, le ofreció un cuarto, un quinto café, una tercera Coca-Cola, ¿querés comer algo?; no, gracias, pero ¿qué hora será?, son las 21:23, ¡cómo se nos pasó el tiempo!; sí, disculpame que te haya entretenido tanto; no, disculpame vos que no me haya levantado nada más que para ir al baño, me gusta tu baño; pero de verdad que soy un desubicado, tu novio te debe estar esperando; no te preocupes, él siempre llega después que yo; qué bueno saberlo, digo, lo de no complicarte; para nada, quedate tranquilo; entonces te espero el martes a las 19 para la primera clase; claro, esperame toda la vida que siempre voy a llegar.
 
Condujo hacia su casa con una sonrisa que nada podía disimular. 
 
Él, tampoco.

martes, 19 de febrero de 2013

CAPÍTULO 26: Inmortales..


Julia abrió la compuerta de la habitación y quedó enmudecida por la escena que se le presentaba ante los ojos, que de inmediato se le inundaron de tristeza.
Se le infló el pecho de angustia, sintió que repentinamente se le tapaban los oídos, podía sentir su propia respiración acelerada por el impacto del momento y el bombeo frenético de su corazón.
Se le aflojaron las piernas.
Lentamente, se acercó a la cápsula para ver de cerca a su madre. Lo que vio... la conmovió profundamente.
Una sonrisa dibujada en los labios de ella, una mano estrechada fuertemente por la mano de él que yacía pesado sobre su pecho.
Se acercó aún más para verle la cara a él. Con la mano cerró definitivamente el verde profundo de su mirada...

—   Buen viaje, mamá Polaco...

...buen viaje, doctor —se animó a susurrar quieta, apretando los ojos para evitar que se le escaparan las lágrimas.

Flotando aún, tomados de la mano, contra el cielo raso de la habitación, ambos observaban silenciosos sus cuerpos quietos frente a Julia.

—   Van a estar bien —dijo él, con una sonrisa.

—   Lo sé —contestó ella, radiante y plena, otra vez.

—   ¿Vamos? —la tomó de la cintura de los jeans ajustados y la trajo contra su cuerpo espectral.

—   ¡Vamos! —respondió ella jovial.

Cruzaron el techo, atravesaron el cielo, se hundieron livianos en la oscuridad de la noche, siguieron el curso de las estrellas...
Ambos, así, finalmente, emprendieron el viaje que los devolvería al más feliz de los tiempos, al de la inmortalidad.


FIN



N. de la A.: Relato basado en una historia real.




miércoles, 13 de febrero de 2013

CAPÍTULO 25: Irreversible. 3ª parte.


Sus ojos eslavos se quedaron petrificados al observar la figura que se le presentaba en el umbral de la habitación.
Se incorporó en la cama, incrédula. Lo miró de pies a cabeza sin comprender del todo si se trataba de una ilusión óptica, de un fantasma, de una mera fantasía, o si realmente él estaba allí, de pie, frente a ella, después de tanto tiempo. Julia abandonó la habitación cerrando silenciosamente tras de sí la compuerta del habitáculo. Eligió esperar afuera, optó por darles toda la intimidad que se debían el uno al otro.

—   Hola —la saludó con una sonrisa triste.

—   Hola —le respondió ella apenas con un hilo de voz.

Se acercó y pulsó un botón para que saliera una de las cuatro butacas ocultas debajo de la cápsula.

—   ¿Qué tenés, Polaco?—preguntó con preocupación.

—   Ochenta y ocho años —le contestó ella, ya recuperada del shock inicial.

Sonrieron, juntos, otra vez.

—   No, en serio. ¿Qué tenés? Julia me dijo algo pero quiero saberlo de vos misma —le confesó con palabras pausadas y entrecortadas.

—   ¿Qué te contó Julia? ¿Cómo te contactó? ¿Qué te dijo? .... ¡Qué vergüenza! —exclamó y se miró las manos pálidas, rugosas, manchadas de vejez.

—   No mucho. Me dijo que no te querías curar. ¿Por qué, Polaco?

—   ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Hasta cuándo? ¿Cuánto nos queda? —lanzó como si arrojara llaves al aire capaces de abrir puertas.

—   Sí. A mí también me pesa eso de esperar. En octubre cumpliré 95 y temo llegar a esa fecha, como cada año de los últimos diez.

—   Mis hijos ya son grandes... tienen sus propias familias... sus hijos... mis nietos que vi nacer y crecer... mientras que el tiempo duele en el cuerpo... Yo ya hice lo que quise —dijo y lo miró fijamente a los ojos hundiéndose en el verde nublado de la mirada de él —yo ya estuve en vos —concluyó con los ojos inundados de pasado.

—   Y yo en vos —agregó él con ternura. Metió una mano dentro de la cápsula y la posó sobre las suyas.

—   Gracias — murmuró melancólica.

—   A vos —siguió él con una mueca extraña en la cara.

—   ¿Cómo hiciste para conservarte así? —lo increpó con curiosidad.

—   ¿Así? —contestó confundido.

—   Sí. Así. No parecés un viejo choto —sonrió.

—   ¡No cambias más, Polaco! Siempre rompiendo los climas vos —le festejó el chiste con una risa reprimida. — Se supone que estás hecha mierda, por eso te tienen acá... a propósito, ¿quién te cuida a vos? ¿Tu marido no se queda? —preguntó en un intento de sonar con naturalidad.

—   No, dejalo que se quede en casa. ¡Si se quedara lo terminarían atendiendo a él con todas sus mañas! —volvió a bromear.

—   ¿Por qué no lo dejaste?

—   ¿Por qué habría de hacerlo? Él fue mi relación más duradera. Llevamos cincuenta y cinco años juntos. Ya venció el período de prueba, me lo tengo que quedar a estas alturas... y además, ¿qué sería de mí sin él?

—   Mía, tal vez —se atrevió a decir arrepintiéndose inmediatamente después de haberse aventurado al comentario.

Polaco se quedó pensativa y una lágrima finalmente rodó por la mejilla. Levantó la cara para mirarlo a los ojos — ¿En serio? —asomó la pregunta con la voz quebrada.

—   Sí.

—   Ya es tarde para corazones y flores, ¿no te parece? —le increpó con firmeza.

—   No me hagas caso —se arrepintió negando con la cabeza lo que hacía un minuto acababa de fantasear. — Olvidate. Ya es tarde. Tenés razón. Dejate morir y terminá con todo. No tenemos esperanza. Ya es tarde para nosotros. Se nos escapó el tiempo y no hicimos nada para evitarlo... —la ametralló y repentinamente se puso de pie.

—   ¿Vos te pensás que me divierte estar acá internada? ¿Vos te creés que me gusta esperar un fin que se demora en llegar? ¿No entendés que me cansa morir tan lentamente? Yo solo quiero liberarlos a todos. Que mis hijos disfruten de los suyos, que Joaquín, sobretodo, se despreocupe por mí, que mi marido no tenga que andar llevándome y trayéndome a la unidad. No los tuve para convertirme en una bolsa que molesta en el camino. No quiero interferir más. No quiero ser la cosa que quita tiempo. Yo ya estoy lista para dejar las cosas como están. Me llevó una vida entera lograr esto, ya está, me doy por satisfecha. Ya tomé la decisión y es irreversible —concluyó convencida de sus palabras.

—   ¿Y yo? ¿Qué vas a hacer conmigo? ¿Me dejás solo? —preguntó irónico.

—   Vos estás demasiado viejo para cambiarte. No pude a los veintiocho, menos podré ahora. Ya te doy por perdido. Es todo. No se puede volver atrás en el tiempo.

—   Polaco... —dijo él acercándosele despacio.

—   ¿Qué? —preguntó con ternura en la mirada.

—   Nos podemos ir juntos... —se aventuró a decir a media voz tomándola de las manos.

—   ¿A dónde? —se sorprendió ella.

—   A dónde vos querés ir... —respondió con calma.

—   ¿A la eternidad? —dijo incrédula.

—   Llamalo como quieras.

—   ¿Cómo?

—   Soy médico.

—   Sí, ya lo sé.

—   O al menos lo fui...

—   ¿Qué querés decir?

—   Fui médico y aquí estoy rodeado de maneras de cumplir tu sueño.

—   ¿Podés dormirme? ¿Para siempre?

—   Sí, puedo matarte si te referís a eso.

—   ¿Serías capaz de matarme?

—   ... solo si me fuera con vos...

—   No entiendo.

—   Si te mato, me muero.

—   Sigo sin entender.

—   Si te mato, me mato yo también... ¿Así te gusta más?

—   ¿Serías capaz de suicidarte por mí?

—   Soy capaz de suicidarnos a los dos. Vos también lo querés.

—   Pero... ¿por qué?

—   ¿Por qué no?

—   Serías un asesino.

—   Sería un suicida.

—   ¿Mi muerte sería un acto de eutanasia?

—   Llamalo como quieras. Dejarías de sufrir, y yo también.

—   ¿Me lo estás proponiendo en serio?

—   Sí.

—   ¿Cuándo?

—   Cuando me lo pidas.

—   ¿Ahora?

—   Sí.

—   ¿Y tu familia?

—   ¿Cuál?

—   ¿No tenés a nadie?

—   Me tengo a mí mismo y ya es mucho.

—   ¿Por qué lo harías?

—   Porque puedo.

—   ¿Estás seguro?

—   ¿Acaso no me ves acá con vos?

—   No te lo creo.

—   No hay nada que creer.

—   Bueno. Está bien. Es lo mejor para todos.

—   ¿Segura?

—   Sí.

—   Mirá que no hay vuelta atrás, eh.

—   Sí, lo sé y eso es lo que espero.

—   Bueno —el anciano respiró profundamente y giró hacia donde se encontraban las mangueritas con oxígeno— no te va doler, vas a dormir, solo eso. Ni te vas a enterar —le prometió con una sonrisa en toda la cara.

—   Tengo miedo —dijo ella ofreciéndole la mano para que se la tomara.

—   No lo tengas —le mintió con firmeza ofreciéndole la suya para tocarla.

—   Confío en vos.

—   Y yo en vos.

El anciano se acomodó en la butaca, le destapó el brazo hasta descubrir una red azul de venas gordas. Tomó un par de mangueritas a las que le insertó una cánula y una aguja en cada una. Se descubrió un brazo y la miró sonriente. Se incorporó despacio y la besó por última vez en los labios, ella cerró los ojos y esperó.
El anciano manipuló ambas mangueritas con lentitud. Primero le inyectó el aire en una arteria a ella, luego hizo lo mismo en su propio brazo.

Al cabo de unos minutos, el silencio los envolvió abrazados.

Julia abrió la compuerta de la habitación.