lunes, 18 de junio de 2012

CAPÍTULO 19: Hacia Asia. 3° parte.



Desarmó el equipaje. Clasificó la ropa sucia en colores claros por un lado y oscuros por otro. Las metió en bolsas para que la mujer que le limpiaba la casa la llevase al lavadero. Pasó los videos del viaje a la computadora mientras tomaba sus primeros mates después de unas largas tres semanas. Chequeó el calendario en su pequeña Tablet, le quedaban tres días más de vacaciones. Volvería a trabajar el martes 16 de agosto de 2016. Durante su estadía fuera de casa quiso desconectarse de todo y de todos, por eso recién ahora su teléfono celular volvía a estar operativo para comunicaciones. Durante el viaje solo tuvo habilitado el GPS y roaming de mapas internacionales. Para el mundo fue inubicable durante 21 días. Se sorprendió al ver la cantidad de SMS, mails, y mensajes de voz que tenía almacenados el pequeño aparato. Comenzó por leer los SMS. Algunos eran viejos y del trabajo y resueltos sin su intervención. Un mensaje de Luciana, su joven profesora de inglés, 28 maduros años, con la que había vuelto a estudiar Inglés después de mucho tiempo, preguntándole cuándo regresaba para continuar con las clases. Le contestó que la llamaría el martes por la tarde, que recién aterrizaba en Buenos Aires. Se despidió con  un "Te mando un beso". Terminó de borrar y guardar algunos de los mensajes y comenzó a leer el centenar de correos mientras cargaba el segundo termo inteligente para el mate. Tenía la confirmación electrónica de los pagos de servicios e impuestos debitado de sus cuentas bancarias, y un alerta de su psicoanalista avisándole que tenían que conversar acerca del nuevo horario de las sesiones. El terapeuta se había mudado recientemente y necesitaba tiempo para terminar de acomodarse en el nuevo PH. Le respondió que lo llamase en cuanto le fuera posible, que necesitaba ir a verlo, que recién llegaba de la India y quería coordinar el nuevo horario con él. Durante el fin de semana no hizo más que retornar a sus hábitos cotidianos. Hizo compras online. Compró el diario de la mañana. Salió a buscar libros, todavía prefería leer en papel aunque fuera tan caro debido a la reglamentación nacional de conservación ecológica.  Caminó por el barrio. Desde que había abandonado el cigarrillo definitivamente, en el 2005, disfrutaba salir a respirar un poco de ciudad y poner el cuerpo en movimiento. Su vida porteña recobraba su forma habitual. Todo volvía a ser como siempre, volvía a Buenos Aires.
Aquella primera noche, otra vez en casa, se acostó sorprendentemente temprano. No era aún medianoche y el sueño lo venció.





   Instituto de Idiomas Faster Ways, buen día.

   Buen día, que tal. Llamaba por el curso de inglés acelerado. Lo vi en el diario y me interesaba saber cómo es la metodología, la duración y el precio.

   Correcto. El curso consta de 52 clases de 60 minutos cada una. Un docente va a su domicilio dos veces por semana para hacer el trabajo tutorial de aprendizaje. Los materiales son dos libros de texto, cada libro tiene un casete correspondiente con todas las lecciones. Solo tiene que abonar una matrícula de 190 pesos antes de comenzar las clases y le abonará al docente 12 pesos por hora de clase cada vez que vaya a su domicilio. El alumno firmará un voucher por clase como comprobante de que tomó la clase y realizó el pago. Ese comprobante se lo dará al docente que luego lo rendirá en nuestras oficinas. La primera clase se llama "Clase Cero" y es una primera entrevista con el docente asignado para que se conozcan y coordinen juntos el ritmo de las clases. Es solo una breve entrevista de no más de una hora y es también para evaluar los intereses y objetivos del alumno antes de comenzar con nuestro curso intensivo. Esta primera clase es absolutamente gratuita, también funciona para saber si hay compatibilidad entre el docente y el alumno. Luego de ese primer encuentro, nos estaremos comunicando con usted para saber si está conforme con el docente asignado o si prefiere otro docente.

   ¿Es necesaria la clase cero? ¿Uno puede saber en una primera entrevista si hay compatibilidad entre el docente y uno? —Encendió un Chesterfield— Nunca antes había visto nada parecido.

   Sí, entendemos su sorpresa pero créame que la primera impresión siempre es la más acertada. Tenemos años de experiencia que avalan esta metodología.

   Bien, me interesa. ¿Cómo hago para empezar con el curso?

   Primero tendría que dejarme su dirección y teléfono para que un representante pase a visitarlo para firmar el contrato de servicio. ¿Qué día y horario le parecería bien para recibirlo?

   Humm... martes o jueves después de las 18, sábados después de las 14.

   ¿Algún teléfono para que se comunique alguno de nuestros asesores?

   Sí, claro... el número de mi casa es el 545-45....

Se despertó sobresaltado, se sentó en el borde de la cama y abrió apenas la boca... de ella emergió un débil hilo de humo de cigarrillo.





Se recostó en la cama matrimonial mientras sus hijos veían una película animada en el living junto al padre. Le dolía un poco la cabeza. Inusualmente decidió tomar un analgésico. Enseguida cayó en un sueño profundo, hondo y lejano.

[riiiiing! riiiiing!] sonó su Kyocera verde mientras conducía hacia el centro a otra clase de inglés. Puso las balizas y estacionó para atender.

   ¿Hola?

   ¡Hola! Soy Coralí de Faster Ways. ¿Podés hablar?

   ¡Hola Coralí! Sí, claro ¿cómo estás?

   Mirá, tenés otro alumno. ¿Tenés para anotar?

   Sí, bancame un segundo que saco la agenda...
   Ok, ¿te viene bien los sábados a las 14 y los martes a las 19? Los martes terminás una clase en San Miguel a las 18, ¿llegarías bien al centro para las 19?

   Sí. Voy por autopista. ¿Qué parte del centro? ¿Microcentro?

   Hummm...no, —hace una pausa respirando sonoramente en el auricular— Esto es en Villa del Parque. ¿Ubicás por dónde queda?

   Sí, creo que más o menos sé llegar. ¿Es por Nazca? A ver, pasame los datos por favor.

   Bueno, tomá nota. Es médico anestesiólogo, tiene 33 años, soltero, vive solo, viaja mucho. Se llama Javier.

   Ajá. Bien.

   La clase cero es el sábado 24 de octubre a las 14 y si te da el ok comenzarías las clases el martes 27 de octubre a las 19. Te paso el teléfono de la casa, 545-45...

   ¡Gracias Coralí! Nos vemos en un rato. Tengo que dejarte la rendición mensual. Estaré llegando después de las 16.

   Dale, ¡te espero con un cafecito! ¡Chau!

   ¡Chau! ¡Hasta luego!

Cortó y continuó hacia su siguiente clase en el microcentro.
Cerca de las 17 llegó al Instituto de Idiomas Faster Ways. Coralí estaba en uno de los salones principales reunida con François, 30 años, profesor de francés; Guillermina, 24 años, italiano; Arturo, 45, inglés y traductor intérprete; Carla, 25, alemán e inglés; Josefina, 32, inglés; Julián, 27, portugués, inglés e italiano; Ana, 35, inglés.

Entró y saludó a la mesa con una sonrisa amplia. La saludaron todos con simpatía. Alelí le ofreció una taza de café en una bandejita de metal.

   ¿Cómo va eso, mujer misteriosa? —la sorprendió François en su español afrancesado.

   Todo muy bien, francés curioso —le contestó ella pícaramente.

   ¿Venís este viernes al cumple de Agustina? —le preguntó compinche Carla que estaba sentada justo frente a ella.

   ¿Era este viernes? —se acordó que no le había comprado ningún regalo a su compañera de trabajo. No eran muy amigos todos pero acostumbraban festejar los cumpleaños saliendo a bailar y haciéndose regalos útiles para cualquier profesor de idiomas. Agendas, anotadores, lapiceras, cartucheras, bolsos y carteras eran los obsequios más comunes y prácticos para todos.

   Sí, ¡te olvidaste! —la acusó señalándola con un dedo Arturo, el mayor de todos y con más años de antigüedad en el instituto.

   Ay, ¡sí! Me olvidé pero igual, no voy a poder ir esta vez —respondió apenada.

   Bueno, no te preocupes, vendrás para el próximo cumple. Creo que el que viene es el de Fransuá —dijo Julián imitando la pronunciación del futuro homenajeado.

Todos se rieron al unísono por el chiste.

Terminaron de hacer sus rendiciones y partieron cada uno a distintos destinos, ella debía regresar a su casa, a su oscura casa de desamor. Sólo necesitaba un rayo de luz.


lunes, 4 de junio de 2012

CAPÍTULO 19: Hacia Asia. 2° parte.

21 de julio de 2016. Buenos Aires, Argentina.




Después de almorzar y aprovechando la siesta del marido y sus hijos, Polaco decidió salir a dar un paseo en auto. Un impulso inexplicable. Una necesidad urgente e impostergable. Debía salir por un momento y dejarse llevar por un rato. Tomar el camino que surgiera sin pensar. Conducir para andar, porque sí. La tarde era gris, el invierno seguía firmemente instalado en el asfalto, en los árboles desnudos y en la poca gente que se animaba a salir con ese frío, obligada a pisar la calle emponchada de pies a cabeza. La tarde se veía apacible y dispuesta a que le ocurriese algo. Así también estaba Polaco. Despojada de pensamientos o voluntad. Empujada por una inercia misteriosa e invisible. Cruzó la Gral. Paz e inconscientemente condujo hacia Av. Nazca por Nogoyá. Su querido y viejo trayecto hacia los recuerdos. Recorrer esas calles siempre la conmovían, se le aceleraba el pulso, se le secaba la garganta, se le empañaba la mirada. La ciudad estaba desierta, solo se podía observar la sincronía exacta e infinita de los semáforos de cada esquina que ecualizaban el ritmo de una ciudad libre de humanidad. Los árboles se veían semejantes unos a otros. Todos podados exactamente iguales y a iguales distancias entre ellos durante todo el trayecto por la ciudad. Los containers para basura reciclable se diferenciaban de los designados a la basura orgánica y de los destinados a material peligroso y potencialmente radioactivo. ¡Cuánto había avanzado la ciudad en materia científica! y al mismo tiempo ¡cuánto se extrañaba ver a chicos jugando en los parques y plazas! Hace más frío que en años anteriores, tal vez sea por eso que no se ve a nadie recorriendo las calles más que en autos o en micros.
Llegó al corazón de Villa del Parque. Estacionó sobre Cuenca y caminó directo hacia Del Parque Shopping. La fachada se parecía poco a aquella de 1998 pero conservaba sus colores verde y rojo, aunque ahora más brillantes. En el Shopping compró facturas para llevarse a casa para la hora de la merienda familiar de domingo. Antes de regresar al auto decidió pasar frente a aquel viejo edificio, albergue de tanta historia. Desde la vereda de enfrente vio la entrada desierta, gris, vacía, automatizada y polarizada. Una brisa fría la estremeció por un instante. Fijó la mirada en el vidrio de la puerta de entrada. Su actual reflejo de pelo castaño y largo, de camperón negro y guantes de cuero sosteniendo un paquete de facturas se fue fundiendo paulatinamente con aquella Polaco de antaño: aquella de jeans ajustados, plataformas altas en una calurosa tarde de sábado, a fines del verano del 99, a días de cumplir 27 años, con el pelo corto y cara angelical.
La puerta de entrada se abrió, entró y besó fugazmente a su alumno de inglés. Subieron los siete pisos besándose con ternura. Entraron al departamento, tomaron la clase de inglés con total naturalidad y al cabo de 90 minutos comenzaron el fin de semana juntos.

   ¡Feliz cumpleaños, Polaco! —le dijo al tanto que le entregaba un paquete envuelto en papel  metalizado rojo con moño de regalo plateado.

   ¡Gracias! —respondió sorprendida con la cara llena de alegría, de felicidad inesperada.
   ¿Es un regalo para mí? —preguntó quitándole el regalo de las manos.

   ¡No! ¡Era para mi mamá pero falta mucho para el día de las madres! ¡Claro que es para vos, polaquito! —largó con una carcajada sonora.

   ¡Ay! ¡Qué lindo sos! — y abrió el envoltorio intentando no romper el papel. Tomó el libro amarillo y leyó la tapa "La Conjura de los necios" de John Kennedy Toole, lo abrió y leyó: "que lo disfrutes tanto como yo los momentos en vos... Javier". Los ojos se le humedecieron y lo besó profundamente.

   ¿Dice "los momentos en vos"? — preguntó ella releyendo nuevamente pero ahora en voz alta.

   Sí. Dice "los momentos en vos", porque quiero que lo disfrutes al libro como yo disfruto estar en vos, literalmente hablando.  

   Sos hermoso — se ruborizó ella.

   Sos divina —replicó él.

La tarde continuó con abrazos, besos, sexo, risas, música, una película por cable, más besos, un poco de ensayo con el bajo, mates y una salida a cenar por el centro. Un día especial como cada día que estaban juntos, disfrutándose mutuamente. Después de la cena fueron a la costanera para ver la negrura del río abrazado a la noche profunda y estrellada. Besos apretados en el auto y un kilo de helado para comer en la cama, sobre sus cuerpos.
Él le pidió que le leyera la novela de Toole; el libro que le acababa de regalar. Ella lo complació encantada. Se detuvieron varias veces para reírse juntos, para encender cigarrillos, para recargar sus tragos, para ir juntos al baño y quedarse besándose o tocándose delante del espejo del baño, para saborearse profundamente en la desnudez de sus pieles.
Nada podía ser mejor, nadie podía superar esa perfección que lograban estando juntos, ensamblados como parte de un engranaje misterioso y audaz. Juntos eran poderosos. Juntos eran uno. Juntos eran inmortales e indestructibles... y lo sabían.
La imagen permanecía allí, en la profundidad quieta de los recuerdos de ambos. Ella ahora de regreso a su casa con facturas en el asiento del acompañante en el auto; él frente a un monje hindú Bodhidharma. Bebió una pócima transparente e insípida y pudo ver los recuerdos más felices. Recuerdos necesarios para el rito que le permitiría descubrir los recuerdos del futuro que será o que pudo haber sido. Ya comenzaba a asomar la gigantesca luna sobre Pushkar y decidió pasar aquella noche junto al resto de los monjes compartiendo los rituales de iniciación de los budistas principiantes.
No podía quitarse de la mente el fragmento de película de su pasado que acababa de ver mientras repetía los cantos de meditación. Tan real, tan vívido, tan pasado presente. Hasta creyó percibir en el aire el perfume de ella. ¿Podrá haber sido eso un viaje astral? ¿Acaso algo así era posible? Envuelto en una túnica anaranjada se recostó en el piso junto a los demás... pero no pudo dormir.

lunes, 21 de mayo de 2012

CAPÍTULO 19: Hacia Asia.


Observó su itinerario de viaje una vez más para asegurarse de que todo estuviese en orden con su proyectada estadía en la India.





Primer tramo-Vuelo 511-Clase Executive/BusinessLufthansa
Sale de Buenos Aires, Aeropuerto Ezeiza Ministro Pistarini (EZE) 19 jul 2016 16:40
Llega a Frankfurt, Aeropuerto Internacional Frankfurt (rhein-main) (FRA) 20 jul 2016 10:55

Conexión en Frankfurt con espera de 2h 50m
Segundo tramo-Vuelo 760-Clase Executive/BusinessLufthansa
Sale de Frankfurt, Aeropuerto Internacional Frankfurt (rhein-main) (FRA) 20 jul 2016 13:45
Llega a Delhi, Aeropuerto Indira Gandhi Intl (DEL) 21 jul 2016 00:35

Guardó la copia del ticket en uno de los bolsillos de la camisa debajo del suéter café con leche, y se acomodó tanto como pudo en su asiento en clase ejecutiva del vuelo 511 de Lufthansa, con destino a nuevas historias para contar.

El vuelo fue tranquilo, sin muchas turbulencias a pesar de la época del año en el continente asiático. Llegó a Delhi a la hora programada, recogió su equipaje y un carrito eléctrico lo llevó hasta el chárter del hotel que lo esperaba en la playa de estacionamiento del Aeropuerto Internacional.

Ya hacía un día que se había cambiado la camisa y guardado el suéter en el equipaje de mano. El calor se sentía de noche como si fuesen las tres de la tarde, pensó ahora en mangas cortas. Miró hacia el cielo nocturno y pudo ver una luna redonda, gigantesca y cremosa que se asomaba desde la profundidad del espacio. También creyó divisar el satélite de comunicaciones TG4509 recientemente puesto en órbita por una empresa china. En cuanto llegó a su habitación de hotel se dio un baño de inmersión prolongado. Un lujo que no quiso evitar.

"En la creencia del hinduismo, dentro de la religión brahmánica, las personas en el momento de la muerte experimentan lo que se entiende como el juicio al "karma" a cargo del dios lamarásh. El proceso comienza cuando los iamadutas, los mensajeros sirvientes del dios lamarásh, arrastran el alma del moribundo al juicio de su karma. En la antigüedad los actos eran sopesados contra el peso de una pluma.

La reencarnación inferior, intermedia o superior dependerá de las acciones bondadosas o malvadas de la vida del muerto. Desde estados de existencia celestiales a infernales, considerando la vida humana un estado intermedio. Este incansable proceso se llama samsara (vagabundeo), palabra proveniente del sánscrito: samsrí: "fluir junto", "deambular". En el Oriente se entiende con ese deambular (codicia, "matar el tiempo", entretenimiento, acumulación de bienes...) como una vida superficial, sin propósito ni sentido alguno. El recorrido de cada alma va desde los semidioses (devas) hasta los insectos."
Cerró el folleto del hotel y lo dejó sobre la mesita de luz dorada, junto con las indicaciones para llegar a Pushkar. Pisaría por primera vez la ciudad de los templos y anhelaba estar allí con ansiedad en el cuerpo.

Se recostó en la confortable cama king size y se quedó observando la luna que se mostraba entera en la oscuridad nocturna a través del gigantesco ventanal que daba a la ciudad. Eran  las 3:30 am del 21 de julio de 2016 en Nueva Delhi.

Mientras tanto, en Buenos Aires, el sol comenzaba a esconderse para terminar aquel frío 20 de julio... aún la redondez lunar permanecía oculta en algún sitio allí arriba en el profundo azul del cielo.

Recién comenzaba a anochecer y el invierno se había instalado firme; el calor del hogar comenzaba a empañar los vidrios de los ventanales que daban hacia la noche lunar.

Polaco colocó las tazas y platos sucios dentro del lavavajillas y se quedó sorprendida observando la luna que ahora se mostraba entera en la oscuridad nocturna a través de la ventana de la cocina. Algo invisible la conmovió por un instante... no supo descifrar la causa de su estremecimiento pero inexplicablemente se le dibujó una sonrisa en los labios.


jueves, 3 de mayo de 2012

CAPÍTULO 18: Profundidades. 3° parte.


   ¿En qué anduviste en estos años, Polaco? —le preguntó sosteniéndola abrazada en el sofá blanco. Los dos desnudos abrigados por una manta blanca, tan suave como la piel de miles de conejitos tibios.

   ¿En qué sentido me lo preguntás? —y giró la cabeza para mirarlo a los ojos y verle la cara.

   En el sentido que quieras... pero como ya veo que vas a evadirte... ¿Tuviste un amante, Polaco? —lanzó con firmeza, le miró toda la cara y le pareció que toda ella resplandecía en el medio de la noche.

   Mmm... Sí —confesó al ser descubierta.

   ¡Lo sabía! ¡Lo sabía! Contame todo, con lujo de detalles. No omitas nada, Polaco —insistió él como un chico ansioso por conocer el desenlace de su serie favorita.

   Bueno, a ver... Se llama Gaby y nos conocimos en una reunión de padres del jardín donde va Julia...

   ¿Es el papá de un compañerito de tu nena?—la interrumpió ansioso.

   No. Es una mamá. Se llama Gabriela... —dijo entrecerrando los ojos sin saber qué reacción tendría ante semejante confesión.

Él enmudeció.

   ¿Qué pasa? —le preguntó ella incorporándose para verlo de frente. — ¿Qué pensás?—deslizó en voz baja.

   Estoy tratando de imaginarme el cuadro. Vos con otra mujer. Una exquisitez... y me la perdí. —dijo él con una sonrisa cómplice.

   ¿No te sorprende lo que te acabo de contar?

   No, en absoluto. Polaco, ¡ni vos te conocés! O mejor dicho, ni vos te conocés como creo que te conozco yo. Tal vez ahora no lo recuerdes pero —se levantó y fue hacia la mesa a buscar unos platitos con panes, quesos y frutos rojos — hace muchos años me diste a entender de que sentías cierta curiosidad por estar con una mujer, y ya está. ¡Probaste! —le ofreció un platito con uvas rojas, ella aceptó— ¿Te gustó? ¿Cuántas veces lo hiciste? ¿Seguís con esa relación? ¿En qué te cambió, Polaco? —le disparó a mansalva todas las preguntas sin respiro.

   Sí, me gustó. Con Gaby tuvimos una relación por algún tiempo pero se cortó todo. La corté yo.
   ¿Por? ¿Qué pasó? —La interrumpió él, y siguió —no, no me digas nada. ¡Te aburrió! —concluyó él.

   ¡Sos increíble!—respondió ella sorprendida —Sí, me aburrió.

   ¡JA! —explotó en una carcajada. —Contame desde el  principio, no te interrumpo, promesa —la desafió sonriente.

   Bueno. Te cuento. Desde el principio. Gabriela es mamá de un nene compañerito de Julia. Nos conocimos en una reunión de padres, la segunda o tercera del año, no me acuerdo ahora. Nos sentamos juntas y tuvimos química desde el principio.

   ¿Edad de Gaby? —la cortó él.

   Por entonces yo tenía 43 así que ella... —pensó cerrando los ojos —35.

   Muy bien, seguí —dijo él acomodándose junto a ella bajo la manta de piel blanca.

   Cuando la conocí a Gaby no supuse que llegaría tan lejos todo. No se me ocurrió que ella y yo terminaríamos enganchadas en una relación, ¿entendés? Una tarde de lluvia me llamó a casa para invitarla a Julia a su casa para tomar la merienda con otros nenes de la salita. La llevé y había otras mamás también. Mientras los chicos jugaban en el living todas nosotras nos quedamos en la cocina tomando unos mates y comiendo tortas y masitas que habíamos llevado entre todas. Un par de veces cruzamos miradas en la charla y sentí que quería decirme algo. Al principio me pareció que eran fantasías mías hasta que una mañana después de dejar a nuestros hijos en el jardín me invitó a su casa a tomar unos mates. Acepté.

   Se pone caliente esto —añadió él masticando sonoramente un puñado de frutos secos —seguí.

   Como vivimos cerca, en la misma manzana calculé que llegaría a tiempo para prepararle el almuerzo a Julia. Tomamos mate en la cocina y de repente no sé en qué momento exactamente la tenía sentada encima mío en su cocina. Es una mujer muy atractiva, rubia, de ojos verdes y pelo largo y lacio. Me tomó por sorpresa pero no me molestó, curiosamente ella supo que no me molestaría. Eso nunca lo entendí, ni llegué a preguntárselo ahora que lo pienso. La cuestión es que nos fuimos desvistiendo y fuimos a su cama. Nos besamos con mucha ternura. Me atrajo su boca y su forma de besar. Gaby besa suave pero profundamente, ¿entendés?

   Sí, sé. Te besó como vos me besás a mí. Con toda la boca, con toda la lengua, ¿no? —respondió  él que ya comenzaba a sentir un cosquilleo caliente entre las piernas.

   ¡Sí! ¡Así! Tiene una boca caliente, húmeda, suave pero firme. Nos abrazamos fuertemente y eran solo besos hasta que ella me abrió las piernas y me empezó a acariciar y ahí, bueh... ¡exploté en un orgasmo inesperado! Te juro que no estaba preparada para sentir la mano de una mujer abriéndome los labios y metiéndose dentro de mí con tanta dulzura. Nunca lo imaginé así, era mejor de lo que alguna vez había fantaseado. Mucho mejor. Después de eso enloquecí. Me puse encima de ella con mi cabeza entre sus piernas y las mías abiertas entre la suya. Entramos en una sincronización perfecta. Nos entendíamos perfectamente, nos calzábamos perfectas. Éramos un ensamblaje totalmente coordinado. Con Gaby de ahí en más tuve muchas mañanas de entrega sexual a pleno... pero siempre me pasaba lo mismo. Por más que acabara genial me quedaba con ganas de un hombre. Le faltaba a todo esa cuota necesaria para el cierre ideal. Un hombre que me completara.

   ¿No daba plantearlo con el papá de otro nene del jardín? —preguntó serio.

   ¡Me estás jodiendo! Suficiente que corríamos el riesgo de ser descubiertas como para ¡meter gente en nuestra locura! —le contestó con cierto fastidio en la voz.

   Pero si ya estaban jugadas. Se iban a coger a la mañana y les hacía falta un pedazo masculino, raro que no invitaran a algún papá... con una par de buenas minas cualquier papá se hubiese prendido.

   ¡Pero no era la idea! Además, a Gaby no parecía hacerle falta nada. Creo que conmigo le alcanzaba...

   ¡No es para menos, Polaco! Sos un camión en la cama —dijo él con sinceridad.

   No sé si es tan así... pero... ¿gracias? jajajaja.... —dijo ella simpática.

   ¿Y qué pasó? ¿Por qué la cortaste si había tanta onda? ¿Cuánto duró la joda? —inquirió tomando la copa de vino del piso.

   Un año y medio. Fue difícil para mí decirle que no iba más. Nunca antes había tenido que cortar a una mujer. Con los hombres era más fácil, se es rotunda y listo, se corta en seco y ya está. El hombre valora la falta de histeria pero con una mujer era difícil. Fui a verla una mañana como siempre y le dije que sentía que si seguíamos viéndonos estábamos poniendo en riesgo a nuestros hijos. "La gente comenzaba a hablar", le mentí y me creyó. Pero me empezó a llamar a casa llorando y muchas veces atendía mi marido y yo tenía que inventar excusas. "¡Pobre Gaby! Desde que el marido la dejó por una pendeja ¡se siente muy sola!”, "Bueno, entendela, Gaby está pasando por el duelo de la pérdida de su matrimonio" y mil cosas más.

   Y tu marido siempre creyéndote, ¿no? —preguntó él.

   No sé si me cree o no le importa. ¿Qué es peor? —contestó ella.

   Peor es que esté ciego y no vea la mujer que tiene al lado, ¡lo afortunado que es! Decime una cosa, y vos con tu marido... ¿cogías?
   Por supuesto. Él aportaba la pizca que necesitaba a la mañana pero medio día después. Pero para él era un trámite. No tenía que hacer mucho para que yo estallara en placer como nunca.

   ¡JA! Claro, el trabajo fino ya te lo había hecho la tal Gaby esa... —bromeó abiertamente.

   ¡Sí!

   Polaco, me calentaste mucho contándome tus experiencias lésbicas. ¿Te puedo coger un buen rato?

   ¡Claro! Para eso vine, para que me cogieras todo lo que no me cogiste en los últimos seis años...

Y se acomodaron en el sofá quitándose de encima la manta tan suave como mil conejitos tibios.
Ella abrió las piernas y él se metió en su cuerpo... hasta sus más tiernas profundidades...