Cuando uno es inmortal, literalmente no tiene nada que perder. Si me dan a elegir entre EXPERIENCIA y MORTALIDAD o INEXPERIENCIA e INMORTALIDAD, elijo 茅sta segunda. La decisi贸n es obvia. Tengo toda la vida para equivocarme, incansablemente.
s谩bado, 28 de agosto de 2021
s谩bado, 10 de julio de 2021
viernes, 25 de junio de 2021
jueves, 20 de mayo de 2021
mi茅rcoles, 19 de mayo de 2021
lunes, 12 de abril de 2021
Madonna - Almost Gone: The Unreleased Songs from "Music" album sessions ...
domingo, 31 de enero de 2021
Animaladas: Deseo por la muerte del gato.
Empez贸 el a帽o trastabillando dolor. Prefiri贸 la soledad, no hab铆a nada para festejar. Excepto la salud, claro est谩, de su pu帽ado de afectos. Esos que no superaban en cantidad a los dedos de una mano.
Durante la primera semana del a帽o se dio espacio para curar las heridas del cuello de uno de sus cuatro gatos. No fue algo repentino. Uno de ellos comenz贸 a tener costras y ronchas sangrantes, varias, a la altura del cuello. Donde supo haber una mullida mata de pelo blanco y suave; ahora hab铆a ronchas, costras y sangre seca.
Antes de llevarlo al veterinario opt贸 por googlear alguna crema antimic贸tica y analg茅sica para comprar y remediar el problema epid茅rmico de su gato. Supuso que se deb铆a a una alergia a las pulgas. Consigui贸 una en la farmacia de la vuelta de la esquina.
En la primera semana not贸 una clara mejor铆a en la piel del felino. A la segunda semana el gatito pas贸 de las ronchas a un fuerte resfr铆o. Se justific贸 en no llevarlo al veterinario con el cuadro general del gato. "Tiene las defensas bajas y se pesca lo que haya en el aire", se oy贸 decir a s铆 mismo.
A la tercera semana con menos ronchas en el cuello, ya sin los estornudos y una leve mejor铆a general, not贸 que el gato hab铆a comenzado a tener temperatura. "39.4 grados", ley贸 en el term贸metro digital.
Sigui贸 poni茅ndole crema en las ronchas e improvis贸 un cuellito, para evitar que se rascara o quitara la crema antimic贸tica, cortando una de las mangas de una vieja remera de cuando su hija era peque帽a.
A la semana siguiente el gato dej贸 de comer.
Ah铆 s铆 las alarmas se encendieron. El gato que sol铆a ser el primero en salir disparado, desde el lugar en que se hallase, para ir a devorar la comida de su plato, esta vez estaba inapetente y ya algo m谩s delgado. No lo not贸 hasta que un d铆a su hija le dijo que aquel gato estaba muy liviano.
Esper贸 al viernes de aquella semana para entonces s铆 llevarlo al veterinario. El m茅dico le dio un diagn贸stico que lo sorprendi贸: "Este gato tiene todos los s铆ntomas de tener Mycoplasmosis felina... ¿Por casualidad estuvo en este 煤ltimo tiempo comi茅ndose las piedritas del ba帽o?", le pregunt贸 el veterinario y la pregunta lo asombr贸 por la precisi贸n de los acontecimientos de las 煤ltimas semanas. "No!",-respondi贸 al instante. "Pero suele ir al ba帽o a lamer la ba帽era."
El veterinario le aplic贸 dos inyecciones, una de antibi贸ticos y la otra de corticoides al tiempo que respondi贸 que 茅se era un indicio de que el gato estaba an茅mico. Por fin encontraba una respuesta al comportamiento de uno de sus gatos, que le causaba curiosidad pero que hab铆a minimizado todo al respecto.
El s谩bado siguiente le dio la medicaci贸n recetada por el veterinario. El gato comi贸, bebi贸 y se mostr贸 m谩s animado que en los d铆as anteriores. Pero el domingo se meti贸 debajo de la mesa del living, precisamente debajo de una de las sillas donde ni siquiera le daba la luz del d铆a directamente.
Le tom贸 la temperatura y superaba los 39.8 grados. Intent贸 darle la medicaci贸n pero el gato la escupi贸. Entonces comenz贸 la pesadilla de un domingo de pleno verano en el conurbano bonaerense.
Su hija ese fin de semana estaba en casa por lo que la deriv贸 a la casa de su otro progenitor por el resto del d铆a mientras ped铆a un uber para llevar al gato a un hospital veterinario de guardia en la zona.
Luego de esperar m谩s de una hora en la puerta del hospital veterinario tras dar los datos del felino en la recepci贸n en la calle, en una ventanilla bajo el rayo del sol; por fin los llamaron para ingresar.
El escenario que se le desplegaba a medida que se hund铆a en las entra帽as del hospital era cada vez peor. Atraves贸 la guardia con gatos y perros enchufados a v铆as con suero. Tuvo que, literalmente, esquivar un gran ovejero alem谩n que se desangraba bajo sus pies y temblaba bajo los pa帽os que le pon铆a su due帽o y que se mojaban en rojo. Cruzaron un sal贸n de caniles con gatos y perros recuper谩ndose de operaciones, algunos amputados, otros que parec铆an dormidos por el coma farmacol贸gico tras sus intervenciones quir煤rgicas.
Por fin la joven m茅dica veterinaria les hall贸 un lugar tranquilos para los dos.
Sacaron al gato de la bolsa transportadora, lo pusieron sobre una camilla met谩lica, la joven movi贸 una llave en la pared y descolg贸 una manguerita con ox铆geno que acerc贸 a la cara del gato mientras que con ternura y suavidad perguntaba por qu茅 estaban los dos ah铆.
Luego de contarle los acontecimientos de los 煤ltimos d铆as le sacaron sangre al gato. Al cabo de una hora lleg贸 una enfermera con los resultados del laboratorio. El panorama fue para nada alentador. Deb铆a conseguir un gato para sacarle sangre y hacer un cruce de compatiblidad con el gato para hacer una transfusi贸n de sangre urgente. De inmediato se contact贸 con su ex para pedirle que fueran a su casa a buscar a otro de los tres gatos para llevar donde se encontraban.
Tomaron uno al azar y por fortuna fue compatible con el convaleciente. Al cabo de dos horas empez贸 la transfusi贸n de sangre que dur贸 otras dos horas m谩s. Aquel domingo termin贸 muy tarde. Regresaron los dos gatos junto al due帽o en un Uber que iba realmente a muy alta velocidad, para el benepl谩cito de los tres.
Llegaron a casa y el gato enfermo sali贸 del bolso transportador de un salto, y fue directo al plato de comida. Maull贸 exigiendo alimento. Se le concedi贸 el deseo.
Los otros gatos comieron a la par, excepto el gato donante de sangre que pareci贸 comer por tres gatos fam茅licos.
El lunes comenz贸 sin sobresaltos, aunque los planes laborales tuvieron que adaptarse a los requirimientos de los gatos. Pensaba pasar por la oficina para hacer algunos tr谩mites, que tuvo que postergar hasta que aquel enfermo dictaminara cu谩ndo ser铆a el mejor momento para ocuparse de sus obligaciones laborales.
El martes dej贸 de comer y no acept贸 de ninguna manera la medicaci贸n. Lo llev贸 al veterinario de cabecera y le inyect贸 un fuerte antibi贸tico para que se recuperaba velozmente. Tambi茅n le indic贸 un pat茅 multiprote铆co que deb铆a obligar al gato a consumir para recuperar sus fuerzas.
El mi茅rcoles el gato amaneci贸 inapetente y d茅bil. Ni siquiera aceptaba abrir la boca para una inyecci贸n de comida sabrosa y vitam铆nica y apenas tragaba un par de gotas de agua v铆a gotero.
El escenario comenz贸 a ser desolador.
Llev贸 su computadora a la barra de la cocina para tener al gato moribundo a la vista mientras trabajaba.
El gatito, de cinco a帽os, y fam茅lico pero d茅bil, hab铆a decidido morir.
No aceptaba alimento ni agua.
Apenas le quedaban fuerzas para un maullido leve y agudo.
Eran pasadas las doce del mediod铆a cuando su due帽o empez贸 a buscar tel茅fonos de veterinarias en la zona para llamar y consultar precios y medios de pago para practicar una eutanasia.
Llam贸 a tres consultorios veterinarios de la zona. Siempre se le quebr贸 la voz cuando contest贸 el por qu茅 consultaba por la 煤ltima resoluci贸n de darle fin a una vida: "Porque no puedo ver a mi gato agonizar debajo de la mesa del living de mi casa..." era su respuesta con los ojos llenos de l谩grimas.
Fue entonces que plane贸 el fin del gato y de su mal. Busc贸 una vieja s谩bana y sobre ella puso al gato en el patiecito, en el balc贸n, entre las plantas.
Aquel d铆a su hija estaba en casa. Iba y ven铆a e intentaba esquivar la mirada hacia el felino agonizante.
"No lo puedo ver as铆..."
"No lo veas, and谩 a tu cuarto. Cuando ya haya terminado todo te voy a avisar..."
"Por favor te lo pido, ¿me lo promet茅s?"
"S铆."
El gato intentaba salir de su mortaja improvisada y buscaba arrastrarse hacia otro lado, m谩s cerca de la oscuridad de su final. M谩s lejos de la luz del d铆a.
Se fue arrastrando hacia la cocina, intentaba meterse debajo de un mueble, huyendo de la luz.
Entonces se dio cuenta de que deb铆a devolverlo a debajo de la mesa del living, protegido de la claridad. Y desde ah铆 pod铆a ver el proceso de la muerte del gato.
Empez贸 con espasmos espor谩dicos, y cada treinta minutos. Hubo un momento en que fue un claro indicio de la agon铆a del felino cuando arque贸 la espalda de tal modo que con la cabeza formaba un arco completo, un semic铆rculo perfecto. Estaba agotando sus recursos de ox铆geno. Su sistema respiratorio comenzaba a fallar para cerrarse.
Luego, en esa misma posici贸n, las patas delanteras se mov铆an como si estuviese corriendo sin parar. Los ojos se le dilataron al 100% y nunca m谩s volvieron a ser como antes. Dej贸 de ver su alrededor para empezar a ver hacia otro lado.
Los estertores fueron lentamente m谩s seguidos, su respiraci贸n fue disminuyendo paulatinamente con bocanadas abruptas y espor谩dicas.
En un momento, finalmente, dej贸 de hacer lo que estaba haciendo para observar con minucioso detalle, las complejidades de la muerte.
Observ贸 c贸mo el gato agotaba las energ铆as que le quedaban para zambullirse en la muerte.
Y de repente, sucedi贸.
s谩bado, 24 de octubre de 2020
Cap:1 Ep:1: Veinte a帽os
S谩bado 24 de octubre.
Regres贸 a su casa luego de una tarde inolvidable, inenarrable.
Encendi贸 la radio.
Abri贸 la ducha, encendi贸 un cigarrillo. Se desvisti贸 y mir贸 la hora al pasar en el reloj despertador de la habitaci贸n, eran las diez pasadas de la noche de un caluroso s谩bado primaveral; con el cigarrillo en la boca, totalmente desnuda y el largo cabello casta帽o recogido en un rodete improvisado con un l谩piz, se sirvi贸 un trago.
Sali贸 de la ducha envuelta en una toalla. Se visti贸 solo con una remera vieja y una tanga de algod贸n blanca. Encendi贸 otro cigarrillo. Se cepill贸 el cabello. Encendi贸 la tv del cuarto. Volvi贸 a ver la hora, ya las 23:30 hrs y a煤n su pareja no aparec铆a. La alivi贸. No tendr铆a que dar explicaciones del porqu茅 hab铆a llegado tan tarde un s谩bado. Busc贸 algo qu茅 comer en la heladera: dos zapallitos rellenos.
Cen贸 en la cama, termin贸 su trago, encendi贸 otro cigarrillo. Apag贸 la TV. Abri贸 el libro que ven铆a leyendo desde hac铆a varias noches: El pudor del porn贸grafo de Alan Pauls.
Lo termin贸 en un par de horas...
domingo, 27 de septiembre de 2020
CEI: C1E3: El pincipio del fin.
Cap铆tulo 1/Episodio 3: El principio del fin.
El d铆a siguiente lo sorprendi贸 agotado y deseando que aquel sue帽o no tuviera fin.
A ella
tambi茅n. Ese s谩bado caluroso de octubre, lleg贸 a su casa m谩s tarde que de
costumbre. Pero no le import贸. El hombre con el que conviv铆a a煤n no hab铆a
llegado, eso la alivi贸. Se recost贸 con una sonrisa extra帽a. A la ma帽ana
siguiente quiso que el tiempo transcurriera veloz para que por fin se hiciera
el primer martes de clase, m谩s precisamente, que fuera el martes, a las 19
horas. Se sucedieron los d铆as y un par de veces la sorprendieron pensativa con
una mueca dif铆cil de descifrar. "En qu茅 estar谩s pensando, vos..." se
anim贸 a exclamar Francois, en un espa帽ol afrancesado, en la cocinita del
instituto de idiomas para el que ambos trabajaban. 脡l obviamente ense帽aba su
franc茅s natal, y ella, ingl茅s. —¡En nada, Fransu谩! ¡En nada! —respondi贸 por
acto reflejo mientras segu铆a batiendo est煤pidamente el preparado que luego se
convertir铆a en caf茅 instant谩neo. Nunca un alumno nuevo la hab铆a inquietado
tanto.
El martes
lleg贸 finalmente. Lleg贸 puntual. Toc贸 el portero el茅ctrico y esper贸 impaciente
a que bajara a abrirle la puerta de entrada al edificio. Esta vez no hubo
testigos. Un beso fugaz en la mejilla y la incomodidad de estar juntos y solos
en el ascensor pod铆a percibirse en la atm贸sfera. La clase fluy贸 con normalidad,
es decir, nadie hubiese adivinado el torbellino que los invad铆a por dentro.
Luego de puntuales 60 minutos de clase y de frases con verbos auxiliares,
afirmaciones, negaciones e interrogaciones por fin se pudieron quitar los roles
de profe y alumno por un rato. —Bueno, esto es todo por hoy. Espero que puedas
hacer los ejercicios que te dejo y ya sab茅s que cualquier consulta que tengas
la podemos revisar la pr贸xima clase. —Un silencio impertinente, inc贸modo, se
interpuso y 茅l atin贸 a decirle "Gracias." Lo mir贸 confundida y 茅l
s贸lo lanz贸 un "gracias... te lo digo porque fuiste muy clara con la
primera lecci贸n y me gusta escucharte hablar, digo, me gusta c贸mo me habl谩s,
no, mejor dicho, me gusta c贸mo explic谩s las cosas que hasta hoy me parec铆an imposibles
de entender y sin embargo ahora veo que no es tan dif铆cil solo es cuesti贸n de
prestar un poco de atenci贸n y listo, la cosa es m谩s clara cuando se presta
atenci贸n y... eso."
Sonri贸, 茅l
se sonroj贸. Bajaron los siete pisos a la realidad en silencio, esquiv谩ndose las
miradas. —¿Te espero el s谩bado a la tarde? —, pregunt贸 茅l t铆midamente. —S铆.
Trat谩 de hacer los deberes, ¡eh! —, contest贸. Se despidieron con un beso
peligroso, y la piel les quem贸.
CEI: C1E2 :El principio del fin.
Cap铆tulo 1/ Episodio 2 :El principio del fin.
Condujo hacia su casa con una sonrisa que no pudo disimular. 脡l, tampoco. En el ascensor trat贸 de absorber su perfume aspirando profundamente. Cerr贸 los ojos y record贸 los de la profe. Ojos que jam谩s podr铆a olvidar. Ojos profundos, melanc贸licos, de color caf茅, de una intensidad inquietante. Aquellos ojos que lo recorrieron de pies a cabeza en silencio, despoj谩ndolo de todo pudor. Se sirvi贸 un gin tonic y se sent贸 en el medio de su gran sof谩 azul marino. La mirada clavada en la pared blanca sin poder entender qu茅 le pasaba en el cuerpo. Por qu茅 esa sensaci贸n temblorosa de v茅rtigo. Como si acabara de bajarse de una gigantesca monta帽a rusa: "La vuelta de la Muerte" o algo parecido. En total y absoluto silencio fue juntando fragmentos de esa tarde que le ser铆a imposible olvidar. Una tarde imborrable. La llegada a su vida de una extra帽a que ya le hab铆a alterado el universo. La profesora de ingl茅s, ella, la que fue capaz de hacer que su mundo dejara de existir por unas fugaces ¡siete horas! Comenz贸 a re铆r. Una carcajada se le escap贸 en una explosi贸n que lo sobresalt贸 inesperadamente. ¡Siete horas con una extra帽a en mi departamento! No pod铆a creer lo que acababa de sucederle, y para colmo, estaba ahora solo, nadie con quien compartir la reciente an茅cdota... Estuve en mi departamento m谩s de siete horas con una chica, de unos veintitantos atractivos a帽os, a solas, charlando, riendo, dej谩ndonos llevar por la conversaci贸n y la adrenalina de la novedad, dej谩ndonos seducir mutuamente... y no me di cuenta de la dimensi贸n del suceso— pens贸 nuevamente. Por un instante se le ocurri贸 llamar a Rolo por tel茅fono para cont谩rselo, pero desestim贸 la idea en seguida. "¡No me va a creer el boludo! ¡Se me va a cagar de risa!", imagin贸. "Ruso, ¿qu茅 te tomaste que te peg贸 tan mal?", imit贸 la voz de su amigo.
Se sac贸 el
jean y lo reemplaz贸 por un short negro, se sac贸 la camisa y se calz贸 la correa
del bajo al hombro. Encendi贸 la computadora, los parlantes, conect贸 el
amplificador, sorbi贸 un trago de gin tonic y dej贸 que la m煤sica lo invadiera.
El resto de
aquel s谩bado 24 de octubre de 1998 concluy贸 con un cover del legendario Larry
Graham y dese贸 que todo comenzara a tener sentido. El d铆a siguiente lo
sorprendi贸 agotado y con el fehaciente anhelo de que aquel sue帽o no tuviera
fin.