martes, 25 de octubre de 2011

CAPÍTULO 7: Contacto 2.0. 3° parte

Pero había vuelto a buscarla.

Se hizo tarde, ya había acostado a dormir plácidamente al bebé en la cunita. El marido leía una novela recostado en la cama y ella decidió prepararse un café después de un largo baño y dedicarse unos minutos para estar consigo misma.
Encendió la computadora y se conectó al MSN. Revisó los mails mientras escuchaba música con los auriculares puestos. De repente alguien le habló.

—   ¡Hola, Polaco!

—   ¡Hola! ¿Cómo estás?

—   Muy bien ahora. ¿Estabas ocupada?

—   No, la verdad que no. Miraba el correo y escucho algo de música nada más. ¿Vos?

—   Recién terminé de comer algo y vine a ver si te encontraba conectada.

—   ...

—   ¿Te molesta?

—   No. Me sorprende que me digas eso. No puedo olvidarme de cómo nos separamos. Y que ahora nos tratemos con tanta amabilidad.

—   Pasaron diez años, Polaco. Ya está todo superado, me parece.

—   Sí, calculo que será así. Me amparo en la distancia que pone internet y te confieso que me costó mucho olvidarte...

—   ¿Me olvidaste?

—   No.

—   Ni yo a vos.

—   ¿Qué hizo que me buscaras? Todavía no lo sé y me gustaría mucho saberlo...

—   Tampoco yo lo sé. Nunca antes había intentado retomar contacto con una ex. Sin embargo quise encontrarte a vos, y tampoco tengo claro para qué. No sé. Lo único que sé es que ninguna mujer me llegó tanto como vos...

—   Me halaga saberlo.

—   Tampoco es algo de lo que me enorgullezca, eh. Digo, el haber quedado prendado de alguien. Siempre me dije que volver al pasado es convertirse en estatua de sal...

—   No creo que sea a tal extremo, ¿o sí?

—   No, calculo que no, pero es perturbador tener a alguien que va y viene en recuerdos. Oleadas que traen fragmentos y que uno termina de acomodar para armar alguna imagen del pasado. A propósito. ¿Cómo te trataron los años? Sin ánimos de ofenderte, claro.

—   Jajaja... Bueno, la edad me sienta bastante bien. En la calle me siguen mirando, por lo menos... ¡Espantados! jajaja... No, en serio. Me conservo atractiva. Madura y atractiva. Y ¿a vos?

—   ¡Bueno! Me alivia saber que el tiempo no logró opacar tu belleza, por lo menos por lo que decís, aunque, preferiría ver alguna foto actual para darme alguna idea de lo que estás hablando... Yo, si no fuera por un poquito de panza que he conseguido dejarme crecer, diría que estoy ¡bastante parecido al que vos conociste!

Ella le envió una fotografía. Él aceptó la transferencia del archivo.

—   Ahí te mandé una foto actual. Me dejé el pelo más largo de lo que me llegaste a ver...

—   La estoy mirando. Tu belleza se mantiene inalterable. Conservás tus rasgos... se te nota mayor, madura y seguís siendo hermosa como te recordaba. Si tardo en contestar es porque estoy mirando tu foto...

Él le envió una fotografía. Ella aceptó la transferencia del archivo.

—   Me llegó tu foto. Dame un minuto que la abro... Ah, ¡caramba! Estás muy lindo, eh. Un lindo madurito. Si te cruzo en la calle te miro seguro.

—   Me hiciste reír. Sos muy buena para mentir. Siempre con convicción.

—   ¡NO! En serio que estás muy muy bueno. ¿De cuándo es la foto?

—   De junio del 2005, en España.

—   Cómo me hubiese gustado viajar por todo el mundo como vos. Siempre lo pienso como algo pendiente. Ojalá pueda visitar dos o tres países antes de morirme.

—   No hablemos de la muerte. Recordá que en este momento somos inmortales...


sábado, 22 de octubre de 2011

CAPÍTULO 7: Contacto 2.0. 2° parte.

Seleccionó primero los discos que más le recordaban a ella.


Pudo dormir algunas pocas horas. Se despertó como siempre, antes de que sonara el despertador. Su insomnio crónico apenas lo dejó descansar.
Puso en marcha el auto, enchufó el Ipod y emprendió un largo viaje, un viaje que lo conduciría mucho más allá que al hospital donde trabajaba desde siempre.
Repasó mentalmente la breve conversación del chat de la noche anterior con ella. Se la imaginó distinta pero conservando aún esa esencia que lo atrajo desde el momento en que la vio por primera vez.
Intentó recrearla con diez años más, le resultaba imposible, le exigía un esfuerzo inmenso modificar aquel recuerdo que conservaba de ella, le costaba pensarla cercana ya a los cuarenta años. La había conocido con unos vitales veintitantos y le resultaba difícil ahora reconocerla con las posibles marcas del paso del tiempo en su cuerpo o en el rostro.
¿Tendría canas? ¿Mantendría esos ojos eslavos? ¿Habría perdido aquel cuerpo? ¿Quedaría algo de Polaco en ella? ¿Seguiría teniendo esa boca? ¿Conservaría esa risa ronca que jamás pudo olvidar? Quiso volver a contactarse y saber más...
En cambio ella amaneció de mal humor.
Enojada con la vida, con todo y con todos.
Se distrajo durante la mañana haciendo los quehaceres domésticos. En cuanto se le presentó el primer respiro del día, encendió su computadora y fue directo a la carpeta de los historiales del MSN.
Buscó la conversación con él. Quiso revisar que tan grave había sido su descortesía de la noche anterior.
Leyó y releyó la conversación y se sintió indignada y avergonzada consigo misma. Un escalofrío le dividió la espalda en dos. Se daba cuenta de todo, se daba cuenta del por qué esa huida abrupta, casi inexplicable.
Se leyó y se reconoció a sí misma, pero diez años atrás; cuando los celos la enloquecían y enloquecía a todo lo que tenía a su alrededor.
Efectivamente, habían sido celos. Aunque no podía entender ni el por qué ni hacia qué, pero supo identificar ese sentimiento que le apretaba la garganta con fuerza y le quitaba el aire.

Celos. Tal vez celos antiguos, celos avejentados, celos de un fantasma, celos que nadie podría entender, pero inocultables celos al fin. La intranquilizó la idea de que él se hubiese dado cuenta del porqué de su reacción. De haberlo hecho, se hubiera dado cuenta que ni el paso del tiempo, y ni siquiera la distancia, le pudo calmar ese sentimiento tan puro, primario y enfermizo como el de los celos.
Pensó que él tenía una pareja que no era ella.
Había podido continuar con su vida, sin ella.
Sí, eran celos de un presente lejano a ella.
Él había podido superarla. Él pudo encontrar a otra para que ocupara su lugar. Un lugar reservado únicamente para ella.
Pero había vuelto a buscarla.

domingo, 16 de octubre de 2011

CAPÍTULO 7: Contacto 2.0

Los ojos se le inundaron de emoción y el corazón le comenzó a latir en todo el cuerpo.


Abrió el MSN y le envió una invitación para chatear, enseguida lo vio conectado. En silencio y ansiosa esperó a que él le hablara.

— ¡Hola Polaco!

— ¡Hola!

— ¿Cómo estás tanto tiempo?

— ¡No lo puedo creer todavía! ¿Sos vos de verdad? jajajaja.... qué locura, me parece mentira todo esto...

— ¿Viste? Gracias a la tecnología ahora podemos conversar. ¡Pasaron 10 años, Polaco!

—Sigo sin poder creer que después de una década YO HOY esté hablando ¡con VOS! ¡In-cre-í-ble!

¿Estabas yendo a dormir? Es tarde ya y no quiero joderte...

—No, bueno en realidad estaba a punto de acostarme pero me intrigó saber de vos... después del paso del tiempo... me sorprendió recibir noticias tuyas... ¿Cómo estás vos? ¿Seguís viviendo en el mismo lugar?

—No, me mudé de aquel departamento que vos conociste. Sigo en Villa del Parque pero ahora estoy del otro lado de la vía. A unas pocas cuadras de aquel viejo departamento. ¿Y vos? Te felicito por tu familia, antes que nada. ¿Por dónde andás?

—Estoy a un par de cuadras de las vías del San Martín, es el partido de Tres de Febrero. ¿Sabés que no puedo creerlo todavía, no? A ver, nunca creí que volvería a saber de vos, ¡jamás se me cruzó por la cabeza!

—Tengo que preguntarte algo, entonces. ¿Te molestó que haya aparecido, así de la nada, 10 años después? Sé sincera como sé que lo sos, o cómo te recuerdo.

—No, todo lo contrario. Tener noticias tuyas fue una gran sorpresa pero una sorpresa linda. ¿Entendés? Es como recibir noticias de un viejo amigo al que uno le perdió el rastro... Eso. Una alegría inesperada.

— ¡Qué bueno! Te tengo que confesar que me costó mucho animarme a escribirte. Pensé que no tenía ningún derecho en aparecer de la nada, salir de debajo de una piedra y decirte "¡Hola que tal! ¿Te acordás de mí? Salimos un año y medio allá por el 99 - 2000"  Temí meterme dónde no me llamaron y que me sacases a las patadas...

—Sí, claro. Es fuerte. Tan fuerte que por eso no salgo de mi asombro...  y vos... ¿Estás en pareja?

—Tengo una novia, pero... es.... algo complicado... Es una relación compleja, digamos que si tengo que explicar la situación ya te imaginarás por dónde viene lo complicado...

—Supongo que entendí. Vendría a ser una relación con una chica que a su vez debe tener una relación más formal con otro... ¿no?

— ¡Exacto! ¡Sabía que lo entenderías!

—Ja. Bueno, es re tarde ahora. Será mejor que me vaya a dormir. Te mando un beso grande y cuidate. Chau!

Y se desconectó antes de leer la respuesta de él.

—Un beso enorme, Polaco.

Se quedó un momento frente al monitor, desconcertada. ¿Por qué esa reacción tan violenta de desconectarse así de golpe? Apagó la computadora y se acostó junto a su marido a oscuras. Encendió por un segundo el velador de su mesita de luz para cerciorarse de que su esposo estuviese dormido. Se acomodó para dormir, pero algo la perturbaba desde la profundidad de los recuerdos. Finalmente el cansancio la venció y pudo conciliar el sueño.
Mientras tanto él traspasaba parte de toda la música que tenía en la PC a su diminuto Ipod para poder escucharlo en el auto, camino al trabajo y de regreso. Seleccionó primero los discos que más le recordaban a ella.  

domingo, 9 de octubre de 2011

CAPÍTULO 6: Inmortales. 3° parte.


Se puso detrás de él y con una mano le sostuvo el miembro mientras orinaba, con él escribió imaginariamente su nombre. Ambos rieron a carcajadas.
Llegó el domingo 3 de enero y la burbuja que los contenía comenzaba a desvanecerse. Después de tomar unos mates en la cocina y ya cayendo la tarde, ella decidió vestirse para volver a su casa. Se puso el jean y la remera con la que había llegado tres días antes, a dar la clase de inglés.
Lamentaron que tuviesen que despedirse hasta el próximo encuentro, que sería precisamente para la clase. Hablaron de ello. Hablaron de que a pesar de lo que había ocurrido desde el fin de año hasta ese instante, las clases de inglés se mantendrían como hasta entonces. Los martes, jueves y sábados. Acordaron de que ambos respetarían esos momentos de clase para la clase, y que todo lo demás que despertaran en el otro lo demostrarían luego de las lecciones. Parecía un disparate plantearlo así, y hasta se rieron incluso de decirlo en voz alta, pero vieron necesario dejar las cosas en claro. Ella seguía siendo la profesora de inglés, y él seguía siendo el alumno que quería aprender a manejar el idioma con soltura.
Se dieron un largo beso de despedida en el ascensor y un silencioso adiós en la mirada.
Puso en marcha el auto, puso el pasacasete y lo encendió.




Ya con el auto en marcha buscó sus cigarrillos en la cartera. Le quedaban solo los tres últimos del paquete y lo lamentó. Emprendió el regreso a casa lentamente, a pesar de su gusto por la velocidad y de su costumbre de desafiar a otros autos a acelerar en los semáforos. Le gustaba provocar asombro cuando los desafiados descubrían que era una chica quien los invitaba a violar las normas de tránsito. Los vidrios polarizados la protegían de los insultos machistas cuando les ganaba el paso a los otros automovilistas. Necesitaba polarizar otros cristales de su vida para sentirse aún más protegida.
Para retrasar aún más el regreso a casa, decidió antes darse una vuelta por el centro y esto hizo que redescubriera la ciudad bajo el velo anaranjado del atardecer. Se volvió a enamorar de Buenos Aires, como siempre le pasaba cada vez que la miraba con ojos distintos. Esta vez descubría la ciudad con ojos lúcidos, con una madurez mayor y con el cuerpo satisfecho.
Encendió otro cigarrillo y paró en un kiosquito sobre la Avenida Corrientes para comprar sus Marlboro, un grupo de punks le alabaron el corte de pelo y las ojeras cansadas. Ella les dedicó una sonrisa cómplice que fue ovacionada por los muchachitos amontonados en la vereda.
Subió a la autopista y aceleró hasta donde reconoció que le podía responder el auto. Por un momento sintió miedo. Miedo de perder el control y chocar y caer al vacío. Tuvo miedo de morir, o que le sucediera algo peor, de chocar y sobrevivir. En un segundo tuvo miedo de que las cosas le salieran mal, que se le escapara de las manos esa pequeña felicidad que ahora le recorría el cuerpo, de que nada de lo que había sucedido en las últimas sesenta horas fuese realidad, miedo de haber estado alucinando y que nada de su historia hubiese cambiado en absoluto.
Estacionó el auto sobre la vereda de su casa. Abrió la reja de entrada, abrió la puerta de la casa y ahí estaba él con cara de no haber dormido en días.

sábado, 8 de octubre de 2011

CAPÍTULO 6: Inmortales. 2° parte.

Se quedaron así, abrazados en el calor de ambos mientras afuera el cielo descargaba todo su poder para celebrar el comienzo de algo nuevo.



El amanecer los fue descubriendo entre besos y caricias.
Se quedaron acostados conversando y riendo y besándose hasta que, de pronto él se levantó diciéndole que se iba a dar una ducha; ya eran pasadas las diez y no habían prácticamente dormido en toda la noche.

—   ¿Hasta cuándo te podés quedar?—, le preguntó como al pasar a la distancia mientras abría las canillas.

—   No sé, no me esperan en ninguna parte hoy...—, le respondió ella desde la cama alzando la voz para que la pudiese oír.

Le pareció increíble estar diciendo eso y sintió muy dentro suyo que aquel era el primer momento en que se encontraba consigo misma desde hacía mucho tiempo. Mientras fumaba un cigarrillo miraba a través de la ventana el cielo despojado de nubes.  Un magnífico viernes de sol. Un magnífico primer día del 99'.
Entre pitadas pensaba en las explicaciones que tendría que dar a su pareja cuando regresara a su casa. Eso la molestaba bastante, tener que dar explicaciones la molestaba, y mucho... y justo a él que jamás las daba, o al menos daba explicaciones difícilmente comprobables o inverosímiles.
Lo creyó injusto tener que inventar alguna buena excusa que justificara estar tanto tiempo incomunicada. En ese momento determinó que decidiría qué decir y qué hacer llegado el momento, no valía el esfuerzo adelantarse a los hechos.
En eso se acordó de su teléfono celular y lo fue a buscar al living, en cuanto lo encendió le aparecieron una decena de llamadas perdidas de él y cinco mensajes de voz. La había estado rastreando. Escuchó el primer mensaje. "Hola, estoy en casa. ¿Te pasó algo que no volviste de Burzaco? Por favor llamame, estoy preocupado. Te amo." Enseguida lo borró. Escuchó el siguiente. "¡Hola! ¿Dónde estás? ¿Te quedaste en lo de tus viejos? Por favor llamame urgente, necesito saber dónde estás. Llamame." Lo borró. El tercero. "¡HOLA! ¿Dónde mierda te metiste? ¿Por qué carajo tenés el celular apagado? ¡Llamame!" Lo borró también. Escuchó el cuarto mensaje. “...tamadre!" Se sonrió y lo eliminó, finalmente escuchó el último. "Mi amor, mi vida, ¿dónde estás? Por favor llamame, decime si te pasó algo. Llamé a lo de tus viejos pero no me quisieron decir nada. ¿Dónde estás? Llamame necesi..." Y lo borró también. Por las dudas decidió llamar a su mamá para tranquilizarla.

—   Hola.

—   Hola ma. Soy yo.

—   ¡Hola! ¡Feliz año nuevo!

—   ¡Hola! Feliz año nuevo, ma. ¿Cómo lo pasaron?

—   Bien, bien, bárbaro. Elena hizo lechón así que todos terminamos cenando Hepatalgina! jajaja... ¿vos bien? ¿Qué tal lo pasaste anoche?

—   Muy bien, ma. Muy bien. ¿Hubo algún llamado para mí?

—   Nada importante. ¡Llamó el quetejedi pero le corté! jajaja...

—   Está bien, quería que te quedaras tranquila que yo estoy bien. Por si vuelve a llamar.

—   Bueno hijita, no hay problema. ¡Vos empezá a vivir tu vida!

—   Estoy en eso, ma. Bueno, te dejo un beso. Chau.

—   Chau, cuidate.

Cortó y apagó el celular con la tranquilidad de que tenía todo bajo control.
Hacía seis años que mantenía aquella relación, a esta altura enfermiza, con su pareja. Lo conoció cuando apenas tenía casi 20 años, había sido su jefe en su primer trabajo. En cuanto lo conoció la sedujo la diferencia de edad, él tenía 35 años y fama de mujeriego. Por aquel entonces era el marido de una conocida de su mamá y su relación con él estaba condenada a permanecer por siempre en la clandestinidad. Durante los dos primeros años habían sido solo amantes de mediodías y algunos fines de semana, los siguientes dos años ella lo amenazó con que si no la blanqueaba ante su familia lo dejaba para siempre y los últimos dos, convivían a medias. Alquilaban un departamentito al lado de la casa de los padres de él. La convivencia era relativamente poca, ya que algunas noches y casi todos los fines de semana él lo pasaba en la casa de su ex mujer para ver a su hija adolescente. Y ella sola encerrada en algo más que cuatro paredes. Se había alejado de su familia que lo rechazaba, de sus amigas que le advertían que estaba cometiendo un grave error, e incluso, se había alejado de lo que ella había proyectado para sí: una familia. Formar su propia familia.
Fueron muchas noches y muchos domingos de encierro, de llanto desesperado, de oscuridad y de una vida sin ventanas que dieran al cielo despojado de nubes.
El ruido de la puerta del baño la trajo sorpresivamente de vuelta a la realidad. Fue al baño y lo encontró orinando con la puerta abierta.
Se puso detrás de él y con una mano le sostuvo el miembro mientras orinaba, con él escribió imaginariamente su nombre. Ambos rieron a carcajadas.
 

jueves, 6 de octubre de 2011

CAPÍTULO 6: Inmortales.

... lentamente sacó la mano y se lamió los dedos.... luego le susurró jadeante al oído: — te voy a coger.

La besó suavemente en los labios, le acarició la mejilla y sin decir una palabra ni quitarle los ojos de encima se incorporó en su butaca, puso en marcha el auto y condujo de regreso al departamento.
En tanto, ella se ordenaba la ropa, recostada aún en el asiento reclinado quedó maravillada por el espectáculo que le regalaba el cielo. Los fuegos artificiales se confundían con los relámpagos de la enorme tormenta que se avecinaba. Detrás de las luces incandescentes de la noche se escondía el infinito del espacio y sintió que esa inmensidad le colmaba el pecho.
Enderezó la butaca y lo miró, detenidamente. Él le devolvió la mirada en silencio. Volvieron la vista hacia el camino y les pareció increíble lo que se les presentaba. La calle por la que habían tomado estaba totalmente desierta de autos, pero allá adelante comenzaban a verse esparcidos, cada tanto, botellones de los que salían disparados estela fugaces de colores. Tuvieron que esquivar los improvisados morteros con bengalas por un par de cuadras atravesando el humo blanco que los enceguecía por momentos. Entre los haces de luces, las explosiones que detonaban próximas al auto y los relámpagos que liberaba el cielo ellos se sentían, por ese instante, invencibles. Nada de todo aquello podía perturbarlos. Lo que les ocurría en su interior sobrepasaba mucho más que lo que en ese momento parecía una escena caótica. En aquel momento ellos hacían esa cruzada teniéndose el uno al otro, y nada más que eso importaba.
Llegaron al edificio y subieron los siete pisos besándose apretadamente contra la pared del ascensor. No pudieron distinguir si el vértigo que los embargaba era por el rápido ascenso o por el torrente de pasión que los recorría por dentro.
En cuanto entraron él encendió el equipo de audio y el CD de Robert Miles comenzó a sonar...





Él se sentó en el centro del gran sofá azul marino esperándola y ella enseguida se le subió encima con las piernas abiertas a cada lado.
La miró fijo a los ojos:

—   Antes que pase nada quiero que sepas que yo no te voy a prometer ningún compromiso, ni casamiento, ni hijos, ni convivencia... no quiero crearte falsas expectativas, me gustás, me gustás mucho, pero eso no quita que te sea absolutamente sincero. Si estás de acuerdo bárbaro, si no, lo lamento pero... no estoy dispuesto a negociar...

Ella le devolvió la misma solemnidad en el gesto y le contestó: —Bueno.

Se comenzaron a besar como si estuvieran pagando una antigua deuda, como si hubiesen acumulado besos no dados y ése fuese el momento para darlos todos juntos. Él la sostenía por la cintura mientras ella lo abrazaba con ambos brazos y le recorría los labios con la lengua, le besaba el cuello y le mordisqueaba los labios tiernamente. La música los acompañaba y les determinaba el ritmo que paulatinamente irían tomando. Ella se sacó los zapatos con un único movimiento de sus pies, y comenzó a desabotonarle la camisa sin dejar de besarlo todo. Él buscó por debajo del vestido aquella prenda inferior que antes había descubierto, intentó comenzar a sacarla pero ella le tomó las manos y se las puso en los pechos. Ahora no había más que seguir con los mandatos que la espontaneidad de la pasión les indicara. Él comenzó a recorrerle el cuello con la lengua, sintió cómo la vena de ella transportaba en su torrente sanguíneo la fuerza de un deseo irrefrenable.
Él le introdujo toda la lengua llenándole la boca por completo, ella se dejó hacer con placer, entregada a todas aquellas fantasías que había estado acumulando en ese mismo sofá azul, desde aquel inolvidable primer sábado en que se conocieron. Abrió más las piernas y él la tomó con fuerza de las caderas, en ese preciso instante un trueno hizo vibrar todo pero no se dieron cuenta hasta un momento después cuando el viento comenzó a golpear contra las hojas del ventanal del living. Ambos se sonrieron cómplices de la llegada de la esperada tormenta. Siguieron besándose apretadamente hasta que él la tomó por la cintura y se paró con ella enredada en él, sosteniéndose con las piernas en su cintura. La llevó así a su cuarto y la acostó en su cama. Se recostó encima de ella y continuó besándola apasionadamente mientras ella le sacaba la camisa y él se desabrochaba el cinturón del pantalón. Él se paró y la hizo incorporarse junto a la cama para que se quitara la ropa. En un instante ambos ya estaban desnudos acostados en la cama, devorándose mutuamente. Sintiéndose latir en toda su humanidad. Ella se colocó debajo de él y lo tomó por la cintura él tomó cierta distancia para observarla mejor, para verla como muchas veces antes se la había imaginado. Con firmeza ella lo atrajo contra su cuerpo y lo tomó por las nalgas, mientras él le llenaba la boca con su lengua caliente y empapada. Los cuerpos de ambos vibraban de la emoción de por fin tenerse así, piel con piel, sudor con sudor, vientre con vientre...
Él le tocó el sexo húmedo y le abrió los labios. Sintió que un calor tremendo le ardía en los dedos, ella gimió despacio debajo de él y abrió más las piernas. Él se colocó erecto sobre ella e intentó entrar despacio, pero era demasiada masculinidad para el cuerpo de ella. Los nervios comenzaban a ganarle una batalla interna que iba mucho más allá que su deseo de sentirlo todo dentro de sí. Una lucha interior comenzaba a desatarse, no pudo saber si era culpa, pudor o sencillamente miedo de lo que les depararía el destino de ahí en más. Aún a pesar de que su sexo opusiera resistencia ella siguió intentando colaborar para ser penetrada. Lo deseaba tanto como él, pero la lucha terminó siendo en vano, más lo intentaban más se acercaban al éxtasis de sentirse unidos. El clímax los envolvió en aquella batalla y pudieron finalmente descargarse simultáneamente el éxtasis de hallarse juntos, desnudos, piel con piel, aún sin haber conseguido que ella le abriera por completo su sexo. Extasiados, cansados, empapados continuaron abrazados por un rato largo, un momento pleno que los unió en una armonía perfecta. Se miraron a los ojos y se besaron con una ternura profunda. Ella le recorría la cara con los dedos suavemente, él la miraba a los ojos, observaba detenidamente esos ojos eslavos que desde un primer momento lo habían cautivado. Se detuvo a descifrar lo que no le contaban esos ojos de mirada profunda, aquella mirada de una intensidad que alguna vez lo había intimidado. Se sonrieron con ternura y se abrazaron. Se quedaron así, abrazados en el calor de ambos mientras afuera el cielo descargaba todo su poder para celebrar el comienzo de algo nuevo.

martes, 4 de octubre de 2011

CAPÍTULO 5: Inolvidablemente ella. 3° parte.

Estando a punto de empezar a cerrar los programas de su computadora recibió el aviso de que tenía un mensaje nuevo. Sí, era una respuesta de él.

"Re: re: Re: re: ¡Hola!"
«Hola. ¡Qué lindo es recibir tu respuesta ahora que sabés quién soy!
Ahora es un poco tarde pero si tenés MSN agregame cuando quieras. Es esta misma dirección de correo. Yo siempre estoy conectado a esta hora.
Por si ya te vas a dormir te mando un beso grande, Polaco.»

Los ojos se le inundaron de emoción y el corazón le comenzó a latir en todo el cuerpo.

domingo, 2 de octubre de 2011

CAPÍTULO 5: Inolvidablemente ella. 2° parte.


Releyó varias veces el mail, pero lo eliminó.





Esperó impaciente a que se hiciera de noche para dedicarse a escribir una nueva respuesta. Improvisó una excusa verosímil para quedarse sola frente a la computadora mientras el marido la llamaba desde la habitación para que se fuesen a dormir.

—   Ya voy. Me llegó una oferta de laburo interesante, les mando un mail y voy. Dormite vos—, le dijo desde otra habitación tratando de no despertar al bebé que dormía plácidamente en su cuna en otro cuarto.

Ya tranquila frente al titilante cursor y la página en blanco fijó la mirada en el monitor, buscando palabras, buscando muchas palabras. Palabras que no la pusieran en evidencia del estado de shock por el que atravesaba.
Todavía no podía creer que una década después él se estuviera comunicando, después de diez años él volvía del pasado. Se preguntaba qué lo habría motivado a semejante decisión. Le creyó cuándo en el mensaje él le decía que había obtenido su dirección de correo electrónico algún tiempo antes de enviarle un mensaje. Lo reconocía como un hombre racional, apasionado, pero racional.
Sabía que habría meditado mucho las consecuencias de regresar después de tanto tiempo. O mejor dicho, de ir a buscarla. Estaba segura de que antes de clickear sobre enviar habría pensado en abortar toda esa absurda idea de aparecer luego de tanto tiempo, tantos años vividos sin saber nada el uno del otro... pero sin embargo esa misma idea lo habría alentado a contactarse de una buena vez. No tenía sentido seguir sin intentar un contacto. Un único e inocente contacto.
Meditó esto e imaginó un Alien evaluando las posibilidades de hacer contacto con la Tierra y sus múltiples consecuencias suponiendo que alguien pudiese interpretar algún mensaje enviado por una civilización desconocida. Pensó que era una estupidez al principio, pero luego decidió que no lo era tanto, después de todo, tanto él como ella no eran personas comunes y corrientes, por lo menos no lo eran el uno para el otro.
El latir del cursor en el espacio en blanco del mensaje empezó a molestarla, a presionarla a que dijera algo, entonces comenzó:
« ¡Hola! ¡Qué sorpresa tener noticias tuyas! La verdad es que no sé qué decirte. Me parece increíble recibir un mail tuyo después de una década entera de no saber nada de vos.
¿Seguís viviendo en Villa del Parque? Un par de veces que anduve por la zona me acordé de vos. Siempre me gustó ese barrio. Yo vivo cerca de Caseros. Ya hace unos dos años. Me gusta el barrio, es muy distinto al barrio de mi infancia pero me adapté rápido.
¿Seguís tocando el bajo? Me acabo de acordar de cuando practicabas en el living... Increíble cómo los recuerdos surgen de la nada con un simple nombre. Me dijiste Polaco y casi que me caigo de la silla. Qué loco que una única palabra dispare tantos recuerdos.
¿Vos cómo andás? ¿Seguís viajando por el mundo? Yo tuve la suerte de poder viajar a Estados Unidos dos veces en un mismo año, y lo mejor de todo es que fueron viajes que surgieron de la nada y relacionados con distintas actividades que tuve.
¿Te sigue gustando la lluvia? ¡Mirá de lo que me vengo a acordar! jajaja...
¿Cómo fue que se te ocurrió mandarme un mail? La verdad que fue una alegría inmensa recibir tu mail.
Honestamente me puso contenta. Contame de vos, ah, y ¿cómo conseguiste mi dirección?
Un beso grande.»

Releyó su respuesta una vez más y la envió, dudando si era lo correcto aceptar mantener ese contacto con parte de un pasado que tanto le había costado superar.
Estando a punto de empezar a cerrar los programas de su computadora recibió el aviso de que tenía un mensaje nuevo. Sí, era una respuesta de él.