martes, 6 de diciembre de 2016

La carta que te explica por qué, aunque te amo, no puedo estar contigo.

 No me tomes por cobarde, por favor, pero creo que al tener en letras todo lo que te quiero decir, algún día podrás volver a tomar en tus manos lo que hoy me repudias y mañana entenderás.

Necesito estar segura de que sepas cuánto te amo, pero sé que si me atrevo a encararte para decirlo, jamás podré escapar de tus brazos y nunca tendré la oportunidad de contarte que me voy, como ahora.
Es monstruoso cómo el amor disfraza todo lo que muy claramente no es en todo lo que uno anhela que sea. Jamás pretendí ser eso que te mantuviera con vida, pero sí me hubiera encantado formar parte de lo que te hacía sonreír al vivir. Muchas veces traté de encontrar la fórmula para que este día nunca llegara, pero más bien descubrí la verdad que me llevó a apartarme de ti.

Pues la única posibilidad de quedarme contigo viene con la imposibilidad de amarte menos, aunque fuera sólo un gramo menos. Si tan sólo existiera la manera de no tenerte dentro de cada poro de mi piel, si pudieras dejar de ser la cura de todas mis lágrimas y si nunca me hubieras dado nada de lo que otros me quitaron, tal vez así podría amarte menos.

Y aunque muchas veces fuiste esa luz que resplandeció en mis días más oscuros, también supiste hacer sangrar mis heridas más profundas. Te di las armas más letales para destruirme, la primera, la confianza que deposité en ti y la segunda, la confianza que guardé para mí misma.
Por eso estoy segura de que si no te amara tanto, la confianza demolida por tus actos egoístas y mis inseguridades absurdas, jamás me hubiera roto en tantas partes. Partes que son imposibles de reparar, podrías volver a unirlas, pero jamás van a volver a ser una sola pieza, entera y sin fisuras.

Y aunque de ti sigo más que prendida, no creas que no recuerdo que de ti me enamoré entera, real y lo bastante fuerte como para soportar nuestros errores. Pero con el tiempo me dejé llevar por la contracorriente, abandoné mis propios ideales adoptando tus pensamientos, te entregué todo lo que era, quedándome sólo con la sospecha de lo que ahora soy.
Te permití, sin precaución alguna, subirme al cielo en la cobija de tus besos, para después arrastrarme al infierno, dejándome arder en las llamas de tu olvido y en la ausencia de tu cariño.
Y no me voy por no haber aprendido a jugar con fuego, decido irme porque para ti ese siempre será el juego con el que quieras ganarme; te pedí muchas veces que no fueras mi enemigo, mejor que te unieras a mí, lamento mucho que me juzgaras por ser diferente cuando pudiste haberme amado por ser única, me arrepiento tanto de haber cambiado todo lo que creías innecesario en mí, pues era obvio que al final jamás te ibas a enamorar de alguien igual a ti.
No sé cómo pude alejarme de todos los que hoy podrían estar acompañándome cuando me siento tan sola. Y lo que me cuesta aún más comprender es cómo fuiste capaz de pedírmelo, yo era, miento, sigo siendo totalmente tuya y para ti, lo único que quería era complementar nuestro amor con el que otros, gustosos, compartían con cada uno de nosotros, nuestros amigos que ahora se desvanecieron.

Te amo y de no ser así, no me desgarraría el alma para escribirte esta carta, no hay prueba más verdadera de lo que siento por ti que alejarme ahora, para reencontrarnos algún día, pero no así, quebrados, olvidados y tibios. Quiero verte completo, radiante y caliente, porque del calor emana la vida. Vida que parece que sufrimos cada vez que intentamos acercarnos sólo para destruirnos con las palabras más atroces y los silencios más indiferentes.

Lo único que quería era que me dejaras volar y abrieras tus alas junto a las mías, siempre me imaginé a tu lado cuando despegaras los pies del suelo para llegar tan alto como imaginaras. Jamás pretendí atarte a una estaca que te mantuviera seguro para mí y decepcionante parar ti.  Menos pensé que tú fueras capaz de encontrar razones para amarrarme a la realidad, a un suelo mediocre y a una costumbre agonizante.

Por todo esto y más de lo que ni conmigo misma puedo hablar, quiero pedirte que me dejes ir, quiero rogarte por el acto de amor más grande que nos podemos regalar. Quiero intentar sanarme mientras no te tenga cerca para que cuando el destino nos junte de nuevo, puedas conocerme completa, te enamores de mis defectos, no como esta primera vez, y yo… yo me enamoraré lo suficiente de mí como para volver a dejarte si es necesario.

No podré dejar de amarte en mucho tiempo y tampoco puedo quedarme contigo ahora, porque entendí que existen personas que nacen para buscar su luz y otras que ya nacimos con ella, y hoy en esta carta tengo que confesarte que es imposible continuar apagando mi luz para que tu puedas brillar junto a mi sombra.

Mi intención jamás será ser cruel, pero a quienes me dirijo por medio de la escritura, son a quienes más amo. Para mí se trata de: 
El inevitable vicio de la escritura y para quienes no lo entiendan, los invito a leer más, a leer sobre el pensamiento y su entendimiento, a leer sobre la Pasión por la filosofía porque la vida sin examinar no vale la pena.


Fuente: http://culturacolectiva.com/la-carta-que-te-explica-por-que-aunque-te-amo-no-puedo-estar-contigo/